Algunas paradojas contemporáneas

Nota: mi portátil murió, así que escribo esto desde el móvil, con el lío que conlleva. La falta de enlaces y referencias correspondientes será solucionada en breve.

Como ya hemos comentado por aquí otras veces, la era posmoderna que nos ha tocado vivir está cuajada de contradicciones. Aquí procuraré hacer una compilación de algunas:

  • Mientras más igualitaria es una sociedad, más obsesionada parece mostrarse por la igualdad. La “igualdad” no se concibe como una meta alcanzable sino como una idea sublime poco definida (sin parámetros) o un mito para la revolución permanente, para la justificación de programas políticos de extrema izquierda. Los problemas que preocupan a los Guerreros de la Justicia Social, al verse solventados parcial o totalmente en Occidente, se fragmentan en microproblemas y así siempre hay un enemigo en el horizonte: escondido en la “estructura” social o económica, en la gramática o en el pensamiento. A la vez, no se critica la existencia de esos grandes problemas fuera de Occidente, sino que se justifican como parte de su identidad. Identidad que se niega por “reaccionaria”, por cierto, a los pueblos europeos.
  • En las últimas décadas del siglo XX proliferó la literatura tecno-optimista: hubo gurús que afirmaron que “la era digital” traería más progreso, más horizontalidad y democratización y ciudadanos mejor informados. Aunque quizá sea pronto para decirlo, se trata más bien de un panorama con claroscuros: Internet refleja también los límites del mundo offline: hay jerarquías, hay ruido informativo, hay propaganda. Encontrar información veraz y de calidad es tan complicado como siempre, si el sujeto no tiene la cabeza bien amueblada ya de partida. En cuanto al modelo productivo asociado al mundo digital, hemos visto que los ganadores en el juego son jóvenes, con estudios en disciplinas STEM y un alto o muy alto CI. Es decir: la concepción no-igualitaria del hombre se percibe como hecho biológico también en el supuestamente democrático  “mundo digital”. 
  • Aunque estamos rodeados de estímulos sexuales y creemos que nuestra época es más promiscua tras la revolución sexual practicamos menos sexo que las generaciones anteriores. Hay varias explicaciones: el auge de las enfermedades venéreas y la subida de los estándares sexuales que ha traído la abundancia de pornografía gratuita, entre otras. Hay una especie de estratificación del mercado sexual que se alimenta de la espiral de vanidad y hedonismo que traen aparejadas ciertas redes sociales o aplicaciones de ligoteo. 
  • Las ciencias biológicas (genética, psicología evolucionista, neurociencia, etc.) han tenido el mal gusto de no apoyar los fundamentos igualitaristas de la modernidad. Más bien, han mostrado como hecho científico que “el género humano”, más que una unidad, es un mosaico complejo de diferencias entre individuos, entre sexos y entre poblaciones. Esto es una consecuencia normal si, como se ha demostrado, no hemos dejado de evolucionar global ni localmente. No es muy serio creer que la evolución nos ha afectado por completo… excepto de cuello para arriba (el particular creacionismo de la izquierda posmoderna).
  • En los países donde más se ha invertido en igualdad sexual y en cerrar “brechas de género”, irónicamente, la brecha de género en profesiones se ha acrecentado. Además, los igualitarios países nórdicos sufren más “violencia de género” que los países “patriarcales” sureuropeos.
  • La genial paradoja de que los grupos contra la intolerancia empleen la censura, la falacia moralista, la difamación, el apoyo institucional, el linchamiento en las redes y, en fin, una completa estrategia de intolerancia (ahora conocida con el ridículo eufemismo de “tolerancia 0”), mientras los “intolerantes” piden libertad de expresión y libertarismo cultural para discutir libremente y sin tumultos temas fuera de la burbuja de lo políticamente correcto.
Algunas paradojas contemporáneas

La izquierda aburrida y el fin del humor

Las pieles finas y lo políticamente correcto se han adueñado de la izquierda mediática. Esas herramientas sirvieron mucho en los 90 y principios de los 2000 para acallar a quienes pensaban diferente, para poder decir lo que querían sin contrarreplica. funciono tan bien, que han seguido usándolas y cada vez con mas intensidad. Dicen que en el comunismo de la URRS la vida era gris y sin humor, porque cualquier broma podía costarte caro. La ironía es una ofensa, el sarcasmo es traición…

Y así llegamos a hoy, donde los nuevos intolerantes, revestidos de la capa de supuesta bondad de la izquierda, intentan acallar, desprestigiar y destruir todo aquello que no les gusta y a todos aquellos que hacen bromas a costa de ellos. Unos vídeos de Jorge Cremades y su éxito sacan el totalitarismo y la envidia de los que no tienen humor, porque quieren demostrar su superioridad moral y su gran preocupación por todas las víctimas.

Y uno podría pensar que se debe a la doble vara de medir que tienen los reaccionarios de uno y otro signo, que cuando detectan que quien hace la broma no es de su cuerda, actúan inflexibles. Pero es algo más, puesto que no se salva ni el más apolítico o famoso de los humoristas. Porque las víctimas perpetuas, el virtue signaling y su superioridad moral actúan cual iglesia censora, incluso sin dioses. Los humanos no han necesitado dioses para imponer su visión del mundo sobre otros.

Ahora el humor también esta siendo vigilado y censurado. Les encantaría poder coger los guiones y tachar con rotulador negro todo aquello que les parezca ofensivo. El problema es que nos aburriríamos como ostras, porque esta gente es extremista y de mente cerrada. Tanto que todo les parece ofensivo. Supongo que habría que volver a los chistes de Jaimito (eliminando toda referencia a su sexo y al sexo de los demás protagonistas de sus chistes, o directamente cambiarlos) para poder hacer un monólogo aprobado por la nueva izquierda. Al final, parece que quieren que todos seamos Julio Anguita: un tipo inteligente, si (aunque desfasado en el tiempo), pero recto como una vela, aburrido y con un permanente enfado. Alguien que no parece disfrutar de nada sin haberlo programado antes, que asume todo como una obligación moral y no como algo que se pueda disfrutar.

Es la época de la identity politics, la política como acto definitorio de la persona. Ya no eres buena persona con ideas de izquierda, derecha, liberal o conservador. Ahora eres bueno o malvado, estúpido o inteligente, según tus ideas. No hay grados, solo blanco o negro, y ellos son el blanco, tu el negro. Aunque simplemente pienses distinto en una cuestión, con argumentos y motivos. Ya eres de los otros. Eres malvado.

Si empezamos censurando este tipo de humor ofensivo o grotesco, uno podría ir un poquito mas lejos, y censurar lo que es de gusto dudoso. Y después, seguir esa senda hasta censurar libros, películas e ideas que resultan ofensivas o contra la narrativa, cosas que empiezan a intentar, casi siempre desde la izquierda. Al fin y al cabo, como en las peores dictaduras y los mundos imaginarios (pero posibles) de Orwell y Huxley, el grupo siempre está sobre el individuo. Y eso exige que haya unos “vigilantes” con superioridad moral que controlen a quién se sale de la senda del conformismo. No se puede mantener un mundo colectivista si hay individuos que señalan lo malo, que destacan. Todos mediocres, incluso en el humor. Así, terminaríamos en un mundo orwelliano, porque si algo es ofensivo para mi y otros han podido censurar algo ofensivo para ellos, por que no? de nuevo, vemos el peligro de la justicia social convertida en policía del pensamiento. De nuevo, vemos que la libertad de expresión ha de servir también para discursos desagradables o con los que no comulgamos.

EXTRA:

Los mismos que se ofenden por unos vídeos claramente humorísticos (hagan gracia o no), les parece irrelevante los comentarios del Líder podemita sobre azotar hasta sangrar a una periodista que es del bando contrario. La deshumanización del enemigo. En el fondo es algo esencialmente humano, tribal y animal. Puesto que somos animales que creen ser más racionales de lo que son.

La izquierda aburrida y el fin del humor

La envidia española y los medios

Tenía este artículo en pendientes, pero las circunstancias han impedido que pudiese sacarlo a tiempo. Como aún así, sigue siendo relevante, aquí va.

Pues sí. Hemos llegado a un punto en que la estulticia se ha apoderado de los medios. La corrección política ha creado un monstruo compuesto por gente que, en lugar de pensar y razonar, se arrima al ascua de lo socialmente aceptado. Hasta el punto de que la verdad o la realidad no tiene importancia, sino solo el sentimiento de “lo correcto”. Al final, todo acaba en una lucha por desmarcarse como el más correcto, el más bondadoso, aunque eso signifique decir estupideces sin sentido. Lo que llaman virtue-signaling.

Pero la realidad, como la vida que decían en Jurasic Park, siempre se abre camino. Y escuece en aquellos que se creían alzados en el altar de la fama, de la corrección y del éxito. Toda esta parrafada viene a cuento de este genial artículo en El Confidencial. Genial porque incurre en las faltas que equivocadamente, y probablemente por inquina o envidia, atribuye a varios escritores y académicos españoles. Trata de desbaratar la fama de escritores como Arturo Pérez-Reverte, también Javier Marías y algún otro, pero se centra en el primero. El punto aparentemente principal de este texto que destila emoción (de la negativa, claro, como del que envidia al que ni sabe de su existencia) es que estos señores, novelistas y académicos, critican y opinan sobre los males de España (y del mundo, tal vez) sin aportar soluciones y sin ser, atiende, expertos en los campos que comentan. Y ¿cómo lo hace? Pues criticando sin aportar soluciones ni ser experto en los campos que comenta.

Pero no entremos a ello demasiado porque con leer los comentarios, hay ya argumentos suficientes que desmontan el artículo-rabieta de este ¿escritor?¿periodista? Quién sabe. Lo que me da por pensar es a qué punto de absurdo hemos llegado. Los políticos están alejados del pueblo (casi siempre lo han estado) y se dice mucho. Lo que no se dice es lo lejos que se encuentran los medios del pueblo, de la realidad. Mirad los periódicos online como éste, eldiario.es, 20minutos… Hace unos años, parecían representar algo el sentir de la gente, la forma de pensar, y tuvieron su empujón. Pero lo cierto es que han ido degenerando hasta la insensatez, la defensa de lo absurdo y de lo políticamente correcto de la forma más irreal. Imagino que vieron filón en lo de vender un mundo de piruleta donde todo es bonito y son los malos los que hacen que el mundo no sea una aldea global de paz y hippies compartiendo sus cosas. Y han perdido el control.

¿Por qué digo esto? Porque solo hay que mirar los comentarios. Las respuestas. En algunos medios más endogámicos, o de creyentes más fanáticos, se nota menos. Pero hoy en día (y esto pasa desde hace al menos dos años), los comentarios no solo rebaten el artículo, sino que argumentan mejor y ridiculizan (con razones) al articulista. Y la respuesta tanto de los medios como de la fauna seguidora es “dios, que país lleno de gentuza”. Porque claro, ellos son los únicos y verdaderos creyentes, poseedores de la verdad. Los que llevan la razón. ¿Sabéis lo que dicen que si en un grupo no encuentras al tonto, es porque el tonto eres tu? Pues eso. Aún creen que son todos los demás los que van en dirección contraria, que ellos van por su carril.

Y por eso parece que el mundo se va a la mierda: porque cualquiera que no comulga con sus dogmas es o racista, o machista, o fascista o cualquier -ista que venga a cuento (o no). Tienen el altavoz y pretenden asustar y usar tácticas propias de SJW: intentan avergonzar o humillar públicamente a quienes ponen objeciones a sus ideas. Pero cada vez hay más gente que se da cuenta que solo tienen poder, si uno se deja influenciar. Pero de tanto decir “que viene el lobo” sin ser verdad, al final nadie les creerá.

La envidia española y los medios

DeGea y las sentencias del populacho

La justicia se fundamenta en la presunción de inocencia. Esto es, se es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Principalmente, porque es casi imposible demostrar que uno no hizo algo, salvo que se tenga una buena coartada. Por poner un ejemplo, es imposible demostrar que en una fiesta hace un año, uno no tomó drogas. Por eso ha de ser el acusador el que aporte las pruebas que demuestran que así fue. Sin embargo, esto es sobre el papel. Nuestro animal tribal, realiza juicios públicos y la culpabilidad se basa no tanto en si hubo delito, sino en si el acusado genera envidias o rencores, en si su modo de vida (aunque legal y legítimo) genera desprecio en ciertos sectores influyentes en la sociedad.

Y los futbolistas generan precisamente eso. Muchos, en sus trabajos diarios con sueldos normales, piensan que es injusto que un tipo gane millonadas por pegar patadas a un balón, como se suele decir, mientras ellos llegan justitos a fin de mes currando en un cubículo. La vida no es justa. Lo que pasa es que en cuanto surge la oportunidad, en cuanto surge la sombra de duda sobre la conducta de uno de estos famosos, la población ve la oportunidad de condenar al envidiado, aprovechando ese hueco. Quizá sea que les hace sentir mejor.

Con el caso Torbe están saliendo a la luz muchas acusaciones que habrá que ver cuántas acaban en condena. El problema es que la sociedad ya ha emitido juicio y no basado en pruebas, sino en sentimientos y envidias. Como ejemplo, esta pieza de opinión que es un ejemplo claro de condena de populacho. Y como viene siendo habitual en los medios escritos, los comentarios suelen ser más sensatos que el mismo artículo. Pero veamos algunas joyas de las escritas aquí:

Resultaba desmoralizador tener que explicar lo que en principio parece evidente: que un periódico no es la Policía y que lo reprobable no es lo mismo que lo ilegal

Es gracioso. El periodista argumenta que como el periódico no es la policía, no tiene sentido contestar las acusaciones con el argumento de que no ha hecho nada ilegal, porque el problema es que ha hecho cosas reprobables. Así que el periódico no es la policía, pero sí es la guía moral de la sociedad. Supongo que el periodista considera que tiene autoridad moral para reprobar moralmente a un adulto que haga cosas que a él le parecen mal, aunque sean legales. ¡Faltaría más! La próxima vez que tengáis dudas sobre lo que vais a hacer, escribidle a este señor para que os diga si es reprobable o no, que él sabe.

Obviamente, todo esto es absurdo y mi opinión es que se basa en una envidia malsana que tiene este chico de los futbolistas como De Gea. También tendrá que ver seguramente el virtue signaling, puesto que en la sociedad actual, acordar servicios sexuales con otras personas adultas en situación de igualdad, es algo no solo tabú, sino altamente reprobable (y donde es el hombre el culpable y casi nunca se habla de que la mujer participa de forma voluntaria, cosa de narrativas).

Lo gracioso es que todo el artículo gira en torno a lo reprobable que le parece al autor el tema de la prostitución, pero lo envuelve en el manto de “dejar de lado el tema de la prostitución“. El problema que ve es que contrató los servicios a través de Torbe que está siendo investigado. El argumento es que debería haber buscado otras agencias más legales, puesto que tenía medios y contactos (eso asume el amigo). Es decir, que echa en cara a De Gea que no hubiese investigado a fondo a Torbe antes… o algo así. Supongo que cree el autor que hay agencias con oficinas en Castellana, folletos de información y cláusulas de seguro de accidentes ofreciendo estos servicios y le parece mal que fuese a comprar al mercadillo de la esquina.

pero es evidente que el portero tenía a su disposición infinidad de agencias que ofrecen esos servicios de manera mucho más digna y segura para las trabajadoras sexuales

La duda que me surge de esta frase es: ¿cómo lo sabe? Primero, como sabe que existen esas agencias de esa manera. Como digo, estoy seguro que se moverá todo por contactos y los que quieran esos servicios han de llamar a su contacto. A partir de ahí, todo es una caja negra de la que no conocen qué pasa. Es lo que ocurre cuando la situación es alegal, por decirlo así. Hay que disimular impuestos, o evadirlos, blanquear el dinero… la prostitución en sí aún no es ilegal, pero al no ser tampoco legal, no se puede tratar como si fuese una agencia de viajes. Y después, ¿como sabe que tenía a su disposición infinidad de agencias mejores? Quizá debería llamar a De Gea para pasarle algunos números.

De Gea pagó por chicas a un tipo que está en prisión acusado de trata de mujeres y delitos contra menores

Sí. Y los vecinos de asesinos violentos siempre dicen que “era muy buena persona, siempre saludaba“. Deberían ser juzgados también por invitarle a café, pudiendo haber invitado a infinidad de gentes decentes a su disposición, supongo. Salvo que el periodista crea que han de tener dotes de adivinación y saber que será acusado. Por otro lado, vemos como de “acusado” pasamos de forma inadvertida a “culpable”.

Llegados a este punto, lo mínimo que se le podía pedir a un hombre que está representando a España en una competición internacional es que diera su versión. Que explicase por qué trataba esos asuntos con Torbe, que se disculpase, que asumiera que cometió un error de juventud y que asegurase que no era consciente de que las chicas estuvieran forzadas

¿Lo ven? Error de juventud. Y que de explicaciones. Lo que se olvida aquí es que es un jugador de fútbol, no el pastor de una iglesia. Si alguien mira a estos hombres como ejemplo y guía moral, es su problema. Aunque personalmente creo que es más pura envidia de una forma de vida. Si algo sabemos hoy sobre los luchadores de la justicia social es que las disculpas no sirven de nada, solo es más combustible para esta gente. Mostrar una grieta por la que pueden meterse para destruir aquello que envidian o desprecian, simplemente porque así les parece. Seguro que los abogados de De Gea, con buen criterio y conociendo la afición del populacho por los linchamientos públicos, le hayan recomendado no responder ninguna pregunta. Y eso a estos SJW les jode enormemente, porque no tienen debilidades aparentes que atacar. Sus técnicas se basan en la humillación y la vergüenza, pero solo si la victima muestra esas debilidades. Si no, patalean y pretenden mostrar equidad para ver si cuela. Habría que ver lo que escribe este palomo si De Gea capitula y da “explicaciones”.

También parece el típico fan loco que cree que su ídolo ha de tratarle con deferencia, de forma personal y que le deben algo. “No ha dado explicaciones, horror” porque cree que él tiene derecho a saber, solo porque es seguidor del jugador. Así, con dos cojones y el narcisismo propio de un niño.

Y así llegamos al final del artículo donde la conclusión que uno saca es que De Gea ha hecho algo malo. No importa que legalmente, por el momento, no haya sido así. Porque ha roto el tabú social y eso no pueden permitirlo. La prostitución se plantea dese esa narrativa como una explotación de mujeres en situación de indefensión y durante muchos años, se ha presentado al cliente como un ser inmoral que se aprovecha de esa debilidad. A nadie sorprende que sea cierto en muchos casos, hay infinidad de mafias que trafican con mujeres. Lo sabemos. El problema es que en esa narrativa inflexible, no encaja la realidad de que hay mujeres que, de forma libre y por motivos que les conciernen a ellas, deciden tomar ese camino de forma voluntaria, ganando un dineral que ya querrían muchos y que no son explotadas. Y como no encaja en la narrativa, lo mejor es negar la mayor y plantear que, aunque sea legal, es inmoral y han de ser culpables aquellos que usan esos servicios.

Aparte de que la presunción de inocencia es un concepto teórico muy bonito. Pero teórico en muchos casos.

 

DeGea y las sentencias del populacho

La democracia está sobrevalorada

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La crítica de la democracia es una herejía en nuestro tiempo. Si dices en público que eres un antidemócrata o que no crees que la democracia sea el mejor sistema del mundo ya estás perdido: eres un fascista elitista, defiendes la dictadura, no crees en el pueblo. Pasas a ser un apestado, alguien indigno de respeto. Esto es normal, ya que la ideología democrática, como la religión de los Derechos Humanos, es uno de los pilares del consenso político implícito en el que participan instituciones, líderes, intelectuales y medios de comunicación y que algunos llaman, simbólicamente, La Catedral. Desde luego, no estamos hablando de ninguna teoría de la conspiración, sino de un consenso relativamente descentralizado y dado por hecho por los tontos inteligentes de nuestra época.

Sin embargo, hay buenos indicios para pensar que la democracia, en tanto que democracia, está sobrevalorada. Incluso podría ser irrelevante para algo tan vital como el crecimiento económico, que requiere apertura al mercado, estabilidad, derechos de propiedad y leyes sólidas, ¡pero no necesariamente democracia! Esto lo sabemos muy bien: hay multitud de naciones que “han salido de pobres” o están saliendo bajo algún tipo de régimen autocrático  o paternalista que ha adoptado medidas de mercado. Por otro lado, y como ya sabían los antiguos, lo que llamamos “pueblo” es un conjunto siempre diverso y voluble de individuos y grupos más o menos enfrentados entre sí, amén de los sesgos cognitivos y la irracionalidad en la que estamos atrapados, una cuestión que Bryan Caplan ha tratado con detalle. Por lo demás, las empresas exitosas y buena parte de las instituciones que más han perdurado tienen poco de democráticas; incluso podríamos afirmar sin problemas que la disciplina, la claridad moral y un liderazgo efectivo (en suma y hablando en plata: chorros de testosterona) son rasgos clave de su supervivencia y prestigio.

Cuando inventemos el equivalente a Uber en cuestión de gobernanza, por así decir, no deberíamos llorar mucho por abandonar la democracia si ésta es inefectiva. Aunque suene polémico, dudo que nos preocupasen mucho nuestros “derechos políticos”, como el derecho al voto, si nuestro país está bien gestionado (pensando en el largo plazo, no en las siguientes elecciones), es eficiente, seguro y la economía va muy bien. Véase Singapur, una ciudad-estado gestionada en cierta medida como si se tratara de una empresa privada y que en líneas generales funciona estupendamente.

La democracia está sobrevalorada

Brexit, fragmentación y competencia

Es muy probable que la Unión Europea esté condenada. Es feo decirlo, pero quizá sea así. De hecho, visto el panorama actual es muy difícil apostar por su supervivencia a largo plazo. El historiador de la “cliodinámica”, Peter Turchin, señala que la UE es una especie de “imperio pacífico” (o posmoderno) que ha entrado en una fase de disgregación. Después de la época triunfalista del europeísmo, la asabiyyah europea está bajo mínimos y su población nativa no para de envejecer, de enfrascarse en problemas económicos y políticos, de perder la fe en su pasado y, de modo más general, de renegar de su modo de vida. Los pueblos europeos comienzan a percibir a la UE como un caballo perdedor:

euroescepticismo

Como supo ver Robert Kaplan en La anarquía que viene, un libro profético de 1994 y ha reafirmado en varios artículos desde entonces, el siglo XXI es y será el siglo de la fragmentación. En una deliciosa paradoja, de esas que hacen chirriar a la Narrativa, mientras la mundialización se intensifica, fluye el comercio, se comparten memes y las distancias se acortan, no deja de aumentar la potencia y el atractivo de los particularismos, se reinventan las identidades, los descubrimientos biológicos desafían el dogma igualitario de la modernidad y remarcan nuestras diferencias, se erigen más y más muros y la reacción, irónicamente, se pone de moda gracias al mundo nerd, vestida con nuevos ropajes ciberpunk. Por algún extraño motivo, el globalismo igualitarista estricto no consigue cuajar más allá de las élites urbanitas socialdemócratas y universitarias de alto CI y no todos los hombres aspiran a ser “ciudadanos del mundo”. Podríamos decir, aunque suene un tanto grandilocuente, que la modernidad universalista ha acabado generando a sus (posibles) sepultureros.

Y la UE está sufriendo los efectos de esta entropía social: pronto puede que Francia, los Países Bajos o cualquier otro país comunitario considere marcharse en el futuro. Los contrarios al Brexit han advertido de un posible efecto dominó y tienen toda la razón. Pero en sí misma, la balcanización  y la fragmentación pueden reducir las tensiones y tener efectos beneficiosos: en parte, las potencias europeas superaron a la China imperial porque habían competido entre sí durante siglos y no estar al día tecnológicamente en tal situación era equivalente a ser conquistado o perder para siempre el tren del comercio. Una Europa de fronteras y naciones diversas también salvaguardaba de la persecución a notables pensadores que decían lo que no se podía decir.  Quizá, más que hacia una nueva era de bloques imperiales, dada la fragmentación global, estemos yendo hacia un panorama centrado política y económicamente en Estados territorialmente más pequeños o en megaciudades “inteligentes”, conectadas al mundo pero orgullosamente competitivas, antifrágiles, diferentes y (en algunos aspectos) cerradas. En ese sentido y dado el resultado del Brexit y la división ideológico-territorial de la nación, no me extrañaría que en unas décadas la multicultural Londres se planteara “independizarse” del resto del país o viceversa (ya son dos mundos aparte), aunque hoy por hoy sea una fantasía divertida.

Brexit, fragmentación y competencia

¡Que viene el lobo!

Llevamos años ya de justicia social en los medios, con lo políticamente correcto dominando el entorno y la comunicación pública hasta el punto que el hartazgo ha hecho que Trump parezca imbatible. Y seguimos viendo caso tras caso de llamada de auxilio, de acusación de misoginia, racismo u homofobia en el momento en que alguien se atreve a desafiar el discurso oficial. Incluso en EEUU, estos luchadores de la justicia social empiezan a clamar por eliminar el derecho a libertad de expresión porque es ofensivo que alguien les lleve la contraria o que alguien piense distinto. Es decir, consideran que el que alguien contradiga sus opiniones o defienda ideas que les resultan ofensivas es algo que les pone en peligro.

La cosa es que desde hace mucho tiempo se ha ido gestando una serie de sectores sociales que se han convertido en víctimas perpetuas. Una generación de niños mimados que piensan que el mundo ha de plegarse a sus deseos. Y se les ha tratado tan bien, se han atendido tan diligentemente sus problemas y disgustos, que resulta duro volver a ser un ciudadano normal, con sus pros y sus contras. La casta de los sobreprotegidos, que no quieren ceder un ápice de su poder. Porque sí: alegar acoso, sexismo u odio en cuanto alguien te lleva la contraria y te gana con argumentos y que funcione para silenciar el debate… es poder. Y mucho.

El problema es que, como dice Milo en el enlace anterior, esto es como el cuento de Juan y el Lobo (bueno, él no habla del cuento, que por el nombre tiene pinta de ser muy castizo): que llega un momento en que, aunque de verdad venga el lobo, nadie te hace caso porque has perdido toda credibilidad. Quizá muchos, que aún no se han dado cuenta de esta dinámica tan común hoy, piensen que hay un aumento en el numero de racistas, misóginos, homófobos y mala gente en general. Pero me da a mi que se trata más bien de que la gente está levantando la liebre y los medios en seguida les tratan de extremistas violentos o, como poco, intolerantes. Todo con tal de no desafiar la narrativa oficial.

internet_white_knight_colored_4350Pasa con los grupos que aparecen que luchan por los derechos de los hombres (y los padres en particular), que son tachados de machistas y de misóginos sin valorar los argumentos. Porque en cuanto se grita “¡que viene el lobo!” toda una cohorte de guerreros de la justicia social, caballeros al rescate de las damas (a través de internet) y demás bienpensantes, salen a contraatacar, sin pararse a mirar los argumentos de cada uno. Porque si alguien tacha de misógino o machista a otro, no hay argumento que valga: el debate ha terminado. Ese es el truco, que ya nadie va a molestarse en indagar en los argumentos de ambas partes, porque son acusaciones pegajosas que afectan a quien las recibe y también a quien se mantiene imparcial o busca razonamientos. Así funciona.

Lo mismo con los refugiados y su problemática. Países cerrando fronteras ante los problemas que supone una política de puertas abiertas; pueblos afectados protestando por la cantidad de problemas que lleva el meter en un pueblo pequeño tres veces la población existente, con culturas muy diferentes y en conflicto en muchos puntos; la plaza de Colonia en Año Nuevo y gobiernos asociados con medios de comunicación para censurar noticias al respecto, porque entraban en conflicto dos principios de la narrativa: no podían clamar acerca del racismo de los que dudan de la política referente a los refugiados, ni podían clamar en contra del machismo imperante, puesto que eso apuntaría a los sucesos de Año Nuevo. Da lo mismo, no miremos sus argumentos porque alguien ha gritado “¡que viene el lobo!” así que son racistas, xenófobos y fascistas inhumanos. La misma historia.

¿Es el coleteo final de unos medios de comunicación corruptos, de una ideología buenista y globalista que ha fracasado por obviar cosas como la realidad misma? ¿O es el comienzo de una nueva etapa de censura? Tal vez el fin de la cultura occidental, que se ha convertido en una cultura con odio hacia sí misma en base a hechos que cualquier otra cultura en la historia ha realizado (se llama supervivencia, tribus y biología, nos guste o no) y, cual Roma imperial y decadente, será fagocitada por los “bárbaros”. A nivel especie, parece que las cosas siguen su curso, puesto que los bárbaros derrocaron a Roma, pero ni el mundo ni la civilización se han detenido. Sin embargo, como perteneciente a esa cultura, me parece lamentable ver a tanto buenista autoflagelándose por haber nacido caucásico, en el primer mundo o con pene. Porque si somos iguales sin importar el color, el país o el sexo con el que nacemos, no deberíamos considerarnos peores que otras culturas. Todo absurdo, infantil.

Hablaremos en siguientes artículos sobre hechos relacionados con el de hoy.

¡Que viene el lobo!