“La generación mejor preparada” y la titulitis

mapaLa universidad. Ese centro del saber idealizado por la generación de la posguerra, que proporciona, en teoría, la certeza de conseguir una vida mejor. Algo así como un lugar mágico donde aquel que entra y termina los estudios sale siendo superior a los demás, con unos conocimientos que le sitúan por encima de aquellos que no han ido allí. Conocimientos que le permiten situarse en una buena posición, en un trabajo que produce grandes beneficios al universitario y a la sociedad. Ese lugar sagrado donde se transmite y aumenta el conocimiento de la humanidad.

Y la gente, tras pasar por la universidad, se sorprende y enfada al comprobar que no consiguen trabajo, que los universitarios tienen más paro que los estudiantes de FP, que tienen que aceptar trabajos para los que están “sobrecualificados”. ¿Qué clase de sistema malvado destruye así los sueños de la generación mas preparada de la historia, de estos próceres de la sociedad? Independientemente de que el sistema esté hecho un desastre, el problema es que todo lo anterior no es cierto: hay carreras que son inútiles en sí mismas, conocimiento por el conocimiento, y otras que son tan absurdamente fáciles y con tan poco nivel, que los que las estudian no tienen nada que aportar en su futuro trabajo. Además, como tercer problema, está el asunto de la oferta y la demanda, una ley natural del mundo que se obvia sistemáticamente hoy en día. Vamos por partes.

Carreras de Conocimiento

Sí, hay carreras que tienen pocas o relativamente pocas aplicaciones prácticas. Nombraré un par para situarnos: Historia y Bellas Artes. Muchos me dirán que son importantes, y no lo niego; al menos con Historia. El problema es que salvo que uno quiera dedicarse a la enseñanza y pase las oposiciones o tenga suerte de entrar en algún museo en el caso de la primera, las probabilidades de que termine trabajando de cualquier otra cosa son enormes. En el caso de Bellas Artes, es cierto que para quienes quieren dedicarse a cualquiera de las ramas del arte, es interesante y útil, aprendiendo nuevas técnicas y teniendo ciertos medios materiales que no podría tener de otra forma. Sin embargo, debe contar con el hecho de que ser artista supone ser excepcional, o tener mucha suerte/contactos o morirse de hambre. Y en toda la historia ha habido artistas sin haber estudios de arte, así que digamos que no es una condición necesaria para que el arte siga existiendo.

Las fáciles

Hay carreras que han perdido nivel. En muchos casos, esto depende más de la facultad en particular que de los estudios en sí, pero en otros, es algo más general. La cuestión es que cuando tienes una facultad que escupe cientos de licenciados al año con un nivel extremadamente bajo en capacidades y conocimientos, inevitablemente desacreditas esos estudios, puesto que es más difícil encontrar valor entre tanto individuo. Por tanto, se degrada la percepción de esa carrera.

La universidad ha de ser difícil. Ha de ser un reto y enseñar, si no conocimientos en sí, al menos el valor del esfuerzo, disciplina. Y en ciertos casos, esto no es solo así, sino que resulta mas fácil que el propio instituto. Esto no tiene ningún sentido, puesto que la universidad es educación superior. Por tanto, ha de ser eso, superior. No inferior ni en esfuerzo ni en dificultad de conceptos. Si es así, quizá la disciplina en cuestión no debiera ser una carrera en si misma, sino una especialización de otra más general o bien un grado de otro tipo.

¿Por qué? Porque ocurren dos cosas a la vez y aparentemente contradictorias. Por un lado, tenemos la sacralización de la universidad y sus títulos. Parece que teniendo un título universitario, pertenecemos a un estamento superior de forma automática. Que alguien que no lo tenga, está por debajo o tiene menos futuro. Es más, una profesión que no requiera titulo es percibida como una profesión inferior, que cualquiera puede hacer. Aparte de esto, esa obsesión lleva a que todo el mundo quiere un título, el que sea. No importa qué se estudie, lo importante es estudiar algo. Esto funcionaba cuando casi nadie podía acceder a la universidad, puesto que la ley de la oferta y la demanda ayudaba a que eso asegurase más oportunidades que el resto. Pero ahora mismo ya no funciona. Desde hace tiempo, esa obsesión por conseguir y estudiar algo ha llevado a la creación de nuevas facultades y universidades y la relajación de los requisitos y del nivel para obtenerlos. Esto es un negocio también: por cada facultad que exigiese un alto nivel, siempre aparecían otras que lo rebajaban un poquito para recoger a todos esos que no habían podido acceder o que habían decidido que el reto era muy grande para ellos. Conocida es la situación en que alguien se cambia de universidad o de ciudad, buscando una facultad más asequible.

REalidad y consecuencias

La realidad es dura. Si no se produce nada de provecho, uno ha de ser capaz de mantenerse por si mismo. Es decir, como la antigua nobleza, quien no produce debe ser capaz de vivir con sus riquezas. Si no, debería intentar ser productivo. Con esto me refiero a ser capaz de aportar un valor suficiente como para que otras personas necesiten el producto de su trabajo. Por eso, si uno no es capaz de generar algo útil de su trabajo como licenciado, deberá adaptarse. Lo dice alguien que no trabaja como lo que ha estudiado, sino que tuvo que adaptarse para ofrecer algo de valor para otros. Al final, tenemos universitarios que se arrepienten de haber estudiado su carrera y no lo volverían a hacer. Y todo por el idealismo de “estudia lo que quieres de verdad, ya te preocuparás del futuro después”.

Por otro lado, es corriente ver gente que se queja de que no puede encontrar trabajo “de lo suyo” y culpan a todo y a todos. Y lo que es peor, se niegan a adaptarse. Estudiantes de carreras cuya única salida laboral es opositar, que luego se quejan de que no salen plazas, como si por el hecho de haber estudiado la carrera, tuvieran derecho a una plaza. Pero esto no es así necesariamente. Y eso, dejando de lado el asunto de como de eficiente es el sistema de oposiciones, que no entraremos en ello. Es un drama que recae en la concepción idealista de la vida: persigue tus sueños, tienes derecho a todo. Y luego llega la vida real…

Al final, se reduce todo a decisiones personales y la capacidad para afrontar la realidad, algo para lo que no prepara el sistema educativo, ni los padres en general. También de la idea extendida de que uno ha de estudiar aquello que realmente quiere. Personalmente, creo que esa idea es aceptable, pero uno también ha de ser realista y quizá, estudiar lo que uno desea deba ser un proyecto a largo plazo en función de sus salidas, puesto que todos tenemos que comer y esa es la prioridad.

Todo el mundo comete errores, pero la clave es rectificar. Si resulta que no hay salida en un sector o en una titulación concreta, lo inteligente es buscar opciones, en lugar de seguir protestando (o a la vez, que las protestas también tienen su razón de ser). Muchos, sin embargo, emprenden una huida hacia adelante: si no encuentran salida, deciden estudiar un máster relacionado. Cuando siguen sin encontrar opciones, intentan estudiar otro máster, o cursos o formación extra, en la misma rama. Y así, terminamos con la generación mas preparada de la historia… pero ¿preparada para qué? Desde luego, la universidad no suele preparar para la vida real. No, no me refiero a preparar para la empresa (que tampoco), sino para la realidad que vamos a vivir al salir de la burbuja que es la facultad.

Por estos motivos, la universidad está perdiendo prestigio. Los licenciados cada vez tienen menos capacidad para enfrentarse a la vida laboral y los profesores parece que nunca salieron de las aulas (esto es probablemente cierto, teniendo en cuenta la forma en que se consigue plaza, tras años dentro del sistema). Así que tocaría replantearse el concepto de lo que ha de ser la universidad y su educación. ¿Han de tener todos un título universitario? ¿Es realmente eso útil? ¿Ha de ser un nivel más bajo para conseguir lo anterior? Es más, ¿es hoy en día necesario ir a la universidad para tener un futuro? No son preguntas triviales… ni mucho menos.

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“La generación mejor preparada” y la titulitis

3 comentarios en ““La generación mejor preparada” y la titulitis

  1. Carlos dijo:

    Una visión muy primitiva de la educación y experiencia vital escasa. El problema son las personas, no las carreras. Marqueting es una carrera fácil no obstante no hay nada más ventajoso que un buen profesional de esta área(mucho más valioso que el mejor programador o ingeniero). Entender la educación como una cuestión utilitaria es una idea abandonada en muchos países. En los degrees de Harvard (te dejo el enlace al fondo), que como muchas Ivy League Schools, proliferan las “liberal arts”, y de allí sale la élite del mundo, pero porque les escogen por su capacidad y liderazgo. Estudios afroamericanos?. Perfectamente puedes cambiar el mundo así. Ni siquiera requieres un major, con que cumplas 4 años de estudios es suficiente. Luego, en la mayoría de las empresas no necesitas una cualificación especial, como no sea en disciplinas técnicas(Ingeniería, medicina). De hecho la mayoría de los ingenieros superiores no volvemos a ver nada técnico después de la universidad, sino que diriges proyectos de índole ridículamente variada y sin problemas(una amiga geofísico dirigió la candidatura de los juegos olímpicos. Que vieron en ella?. Trabajo, y adaptabilidad/inteligencia. El pan de cada día en Accenture). Eso de pasar exámenes y pensar que te mereces algo es porque se entiende el merito posicionales solo una “hipótesis”. Una carrera no es un logro, sino lo que hagas con ella y la mayoría de la gente excepcional en el mundo no ha estudiado como ser excepcional (cuantos escritores estudiaron literatura?). Eso de las carreras difíciles y fáciles es una retorica añeja y de mentalidad inferior destinada a darte una etiqueta, un adjetivo permanente sin haber demostrado nada. Hasta que no conozcas una suficiente cantidad de ingenieros, médicos y físicos, estúpidos y sin iniciativa cuyo único merito era ser responsables con el estudio no entenderás que las etiquetas son para la gente simplona que no entiende porque el mundo no entiende su grandeza, cuando no han hecho, ni harán nada, porque simplemente jamás cultivaron ninguna habilidad de verdad especial (mira la cantidad de CEOs en USA que son licenciados en Historia, literatura o ARTE como Edward Witten, que te sonará -Historia).

    https://www.gsas.harvard.edu/programs_of_study/degree_programs.php

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  2. Interesante tu comentario. Desde luego, el factor más importante es la persona y su adaptabilidad.

    “Hasta que no conozcas una suficiente cantidad de ingenieros, médicos y físicos, estúpidos y sin iniciativa cuyo único merito era ser responsables con el estudio no entenderás que las etiquetas son para la gente simplona que no entiende porque el mundo no entiende su grandeza”. He conocido a muchos físicos, matemáticos e ingenieros cuya única capacidad era sacar buena nota en exámenes, mientras estudiaba física. La segunda parte de la frase creo que es una suposición que has hecho sobre mi persona, pero no entiendo cómo lo has sacado del texto.

    “Eso de pasar exámenes y pensar que te mereces algo es porque se entiende el merito posicionales solo una “hipótesis”.” Esto es precísamente lo que defiendo en el artículo, que esa idea no es cierta y que lo importante es la capacidad de la persona de desenvolverse en el medio que le ha tocado vivir. Respecto a la utilidad o utilitarismo de las carreras, es una cuestión para otra entrada que tengo pendiente. Sí creo que hay carreras más “útiles” que otras, lo que no significa que esas aseguren un futuro brillante a nadie, si no tiene las capacidades antes comentadas.

    “Entender la educación como una cuestión utilitaria es una idea abandonada en muchos países.” No se trata de utilitarismo en sí, sino de desarrollar la capacidad de las personas de adaptarse al mundo que viven para sobrevivir y vivir lo mejor que sus capacidades les permitan, que creo es la idea básica de la educación en sí.

    “En los degrees de Harvard (te dejo el enlace al fondo), que como muchas Ivy League Schools, proliferan las “liberal arts”, y de allí sale la élite del mundo, pero porque les escogen por su capacidad y liderazgo.” Esto cada vez es menos cierto, puesto que cada vez tienden más a idiotizar al estudiante y a protegerle de ideas “peligrosas” (eufemismo para ideas radicales, distintas o incómodas) y a crear “espacios seguros”. Habrá que ver cómo evoluciona y si sigue por el mismo derrotero o recuperan los principios que hicieron de ellas grandes centros de enseñanza.

    “De hecho la mayoría de los ingenieros superiores no volvemos a ver nada técnico después de la universidad, sino que diriges proyectos de índole ridículamente variada y sin problemas(una amiga geofísico dirigió la candidatura de los juegos olímpicos. Que vieron en ella?. Trabajo, y adaptabilidad/inteligencia. El pan de cada día en Accenture).” Lo sé porque lo vivo en mi vida diaria y estoy de acuerdo en ello. A eso me refiero cuando hablo de adaptabilidad y capacidad para desenvolverse.

    La verdad es que no creo que tu comentario sea contrario a lo que intento exponer en el texto, aparte de algunos puntos menores en los que pueda discrepar, así como alusiones ad hominem que no están basadas en nada que haya planteado en el texto. Salvo que lo haya explicado mal, cosa que creo que no. En cualquier caso, me parece interesante tu comentario como complemento al texto y a las ideas que quería expresar.

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