¿Zizek es de derechas?

zizek

Nunca he sido muy fan del mediático filósofo esloveno Slavoj Zizek, aunque tiene algunas ideas puntuales curiosas, como su crítica del multiculturalismo, de la felicidad y de la tolerancia que, de hecho, podría suscribir, a pesar de que su hermenéutica lacaniana tiene sus limitaciones. Sin embargo, hace poco he leído una crítica muy “divertida” aquí, en la World Socialist Web Site de los trotskistas de la Cuarta Internacional donde, sorprendentemente, catalogan a Zizek como un filósofo “de derechas”. ¿Por qué? Pues ofrecen las siguientes razones:

  • Ha dicho que las clases bajas suelen ser más brutales con los débiles.
  • Comentó que la solidaridad global es pura metafísica humanista ingenua.
  • Ha sugerido que puede haber gente despreciable entre los refugiados y que los que perpetraron los incidentes de Colonia fueron “unos jóvenes inmigrantes frustrados” fascistas.
  • Está en contra de la izquierda progresista políticamente correcta.
  • Cree que “ilustrar a los inmigrantes” es una estupidez.
  • Dice que los fanáticos envidian a Occidente y tal pasión se convierte en un odio autodestructivo mortal.
  • Considera que el capitalismo europeo (socialdemócrata) tiene mucho que ofrecer al mundo. Y lo ve como una fuerza positiva frente al capitalismo estadounidense y el chino.
  • No descarta totalmente el uso de la fuerza militar en algunos casos.
  • Cree que la llamada a abrir las fronteras de Europa es un disparate.

Por todo eso, el autor ve a Zizek como un “reaccionario anti-marxista”, militarista y pro-colonialismo que tiene más elementos en común con la Nueva Derecha que con el socialismo internacionalista. Curiosamente, un socialdemócrata de hace treinta o cuarenta años bajo estas coordenadas se transmutaría en todo un “reaccionario”.

Hay que tenerlo en cuenta.

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¿Zizek es de derechas?

Las armas y las letras

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Se ha liado parda porque la alcaldesa de Barcelona y ex-activista social, Ada Colau, ha declarado que no le gustaba la presencia de militares en un stand de la Feria de Enseñanza. Por supuesto, la versión de lo sucedido depende de los medios y de las afinidades de los comentaristas. Véase aquí, aquí, aquí, aquíaquíaquí o incluso aquí. Yo creo que son más interesantes las reacciones y los memes, que han volado por las redes sociales, en defensa de la sugerencia de Colau de separar “lo civil” de lo “militar”. Se ha dicho que está mal  que el Ejército promocione sus amplias y atractivas posibilidades formativas a los jóvenes en un “evento civil”, aunque en ningún momento hubo veto de la Feria y, de hecho, es muy común que los militares estén presentes en actividades similares sin que haya tumulto alguno.

Desde luego, este rechazo público de la presencia de las Fuerzas Armadas españolas en un espacio de exhibición formativa forma parte de un entramado ideológico más amplio que ya tratamos aquí: el asco que siente el europeo posmoderno por el pasado y por los valores masculinos, tradicionales y “robustos”, al que se añade el conocido odio a España. Por ejemplo, he leído que la presencia de los militares en los “espacios civiles” es una afrenta a los Derechos Humanos y a la convivencia pacífica y otros comentarios de esa clase. La dura verdad es que la paz europea depende en parte del trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, sí, del paraguas militar en el que reside, en última instancia, la defensa de la soberanía de la Patria y de las instituciones que tanto nos gustan, como la democracia liberal. Sin una fuerza policial, militar o armada que las materialice, las leyes o los Derechos Humanos son puro humo metafísico.

Es momento de recordar un fragmento del discurso de las armas y las letras que aparece en Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, que era desde luego un señor más avispado que nosotros en estos menesteres (la negrita es mía):

“(…) dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más”.

Las armas y las letras

Los huertos

No sé qué pasa, pero desde el 15-M a todo el mundo le ha dado por los huertos autogestionados. Es la bandera del nuevo anticapitalismo de barrio, puesto que es lo primero que se plantea montar cuando se comienza una organización local. Imagino que, como muchas otras cosas, es un símbolo, puesto que no tendría sentido que la gente aún pensase que esos huertos proporcionan algo realmente útil para la economía familiar de quienes los trabajan. Principalmente, aparte de un par de hortalizas en algún momento, no dan para mucho más, seamos sinceros. Quizá la idea es darle todo el resultado a alguna persona o familia que esté en situación de pobreza, pero ¿realmente ayuda?

Pues personalmente creo que es una forma ineficiente y absurda de invertir el dinero. Entre el abono, los materiales y el trabajo invertido por todos, más valía darle ese dinero directamente a esa familia para que lo invirtiese en comida o en lo que necesitase; o dedicar ese esfuerzo en mejorar las instalaciones del barrio, arreglar o montar unas canchas de deportes, o algo así. Se me ocurre, vamos. Mejor que llevarles medio kilo de patatas, tres zanahorias y unas hortalizas variadas. Que si no es un gazpacho descompensado, no se me ocurre qué más se puede hacer.

Si leemos las webs de algunos de estos colectivos, plantean como objetivos la mayor concienciación sobre sostenibilidad que ha surgido entre la población, el aprovechamiento de zonas abandonadas e infrautilizadas y, aunque no de manera explícita, la cohesión vecinal y social. La participación en actividades comunes. Sin embargo, sigo pensando que sería mejor la utilización de esos lugares para otras actividades que realmente diesen frutos más tangibles. La idea no es mala, involucrar a la gente del barrio en la mejora del espacio compartido y de la colaboración. Sin embargo, el problema surge en el momento en que la producción de estos huertos es paupérrima. No dejan de ser huertos amateur, como quien dice, así como el hecho de que ni son intensivos ni tienen gran espacio para explotar. Al final, esas zonas tampoco son realmente útiles para los participantes.

De hecho, me imagino que ocurrirá que al final solo unos pocos terminarán haciendo la mayor parte del trabajo. No en vano, salvo quien realmente le coja afición, dedicar horas y esfuerzo en una actividad que no da beneficios (o prácticamente no los da) termina desincentivando. También creo que puede crear conflictos: ¿quién se queda qué? ¿Cómo se reparte la cosecha? Y una vez repartida, mucha gente pensará que todas esas tardes que ha dedicado esfuerzo no salen rentables, que mejor dedicarlas a estudiar, hacer deporte o simplemente compartir otras actividades de ocio con amigos. Porque un huerto no es algo que uno pueda decidir aplazar cuando no apetece… al menos, si no queremos que se mueran las plantas.

Por tanto, creo que como actividad de sostenibilidad no es útil puesto que no sostiene nada y cada hortaliza sale mucho más cara que una convencional, así como los recursos invertidos (desplazarse a comprar 10 kilos de abono, el agua para el riego, productos para el cuidado de las plantas, diferentes materiales comprados al por menor para vallas, sujetar tallos, macetas…); como actividad de cohesión de grupo puede serlo, pero no será fácil mantenerlo en el tiempo, puesto que la gente no verá muy recompensado su esfuerzo. Quizá pueda servir como taller educacional para los escolares, como se plantea en alguno de ellos, gestionado por el colegio. Pero si no es así y son gestionados por otras asociaciones que organizan alguna visita de colegios durante el año ¿qué enseña realmente un huerto de barrio que no enseñe una granja-escuela? No veo mucha utilidad ahí tampoco, puesto que ni siquiera enseña como se producen los alimentos en realidad o como se vive siendo agricultor. Algo seguro que aprenden, pero no creo que sea una actividad que dé tantos beneficios.

En conclusión, me parecen inútiles en gran medida y un brindis al sol en forma de pseudoecologismo urbano. No solucionan problemas y de hecho, lo que producen es tan ineficiente que es justo lo contrario: anti-ecológico. Respecto a la cohesión de barrio y a mejorar un poco el entorno y las zonas abandonadas, creo que sería mucho más interesante la creación de zonas de deportes, o directamente parques comunales, circuitos de bicicross, skating o similares. Los vecinos colaborarían en su construcción y cuidado, y podrían disfrutar de su uso de forma continua. Eso sí que ayuda a cuidar las zonas comunes, el haber dedicado tiempo y esfuerzo en ello. Pero el huerto de ciudad es, creo yo, un símbolo. Político y personal. Político debido a la idea de autogestión de los espacios públicos (ya digo, no siempre funciona) y al hecho de sentirse independiente del ayuntamiento, siendo los vecinos los que deciden qué hacer. Relacionado con la idea tan extendida de que lo mejor es la agricultura local, de cercanía, asumiendo que va a ser de mejor calidad y no va a impactar tanto en el medio ambiente debido a su transporte. Ambas no son categóricamente ciertas, entre otras cosas, porque con esos huertos no se alimenta ni una familia durante un mes. No son productivos, por lo que los recursos invertidos se desaprovechan comparados con la agricultura tradicional, y además, la calidad no va a ser mejor que la del supermercado, salvo que haya algún profesional de verdad involucrado. Y a ese quien le paga el sueldo, porque la agricultura de calidad no es un hobby, es un trabajo de dedicación.

No sé cómo evolucionará el tema de los huertos. Creo que han surgido muchos, pero me temo que terminarán en manos de los pocos que se involucren de verdad y a quienes les guste, como para trabajar en ellos por unos kilos de hortalizas muy caras. Eso, aunque no se dice, es utilización ineficiente y no comunal de los espacios públicos. Justo lo contrario de lo que en principio se pretendía. Al menos, siendo un descampado, los niños podían entrar con las bicis o a pie y hacer lo que hacen los niños: el cafre.

Los huertos

La glaciología feminista es la punta del iceberg

 «glaciar perito moreno», por roman korzh (CC BY 2.0)
«glaciar perito moreno», por roman korzh (CC BY 2.0)

Un paper se hizo relativamente famoso estos días: “Glaciers, gender, and science. A feminist glaciology framework for global environmental change research“. Estamos hablando de una investigación financiada por la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos con 412.930$. Los autores pretender demostrar la relevancia de una “glaciología feminista” con el objetivo de que las interacciones hielo-humanas sean “más justas y equitativas”. Como decía Rooby Soave en Reason, esto es un artículo académico sobre cómo feminizar un gigantesco trozo de hielo. ¿Es otro escándalo Sokal?  ¿Un troleo muy elaborado? Si hubo dinero del contribuyente en el asunto, como hemos visto, es improbable que todo sea un montaje.

Y es que la “glaciología feminista” es solo la punta del iceberg. Echa un vistazo a los tuits de Peer-reviewed y descubrirás el maravilloso mundo de las publicaciones académicas absurdas que proliferan tras el giro posmoderno en las ciencias sociales y las humanidades. Encontrarás trabajos sobre la medicina como microfascismo, la estética de Nicki Minaj (una señora que mueve el culo), investigadores hablando de su abuela, una llamada a la justicia social en la geología (660.000$) y las matemáticas,  estudios etnográficos en Facebook, una investigación post-estructuralista sobre los glory holes y a una directora de cine porno feminista disertando sobre su propia película. Sin embargo, nadie gana a los artículos de la clásica Social Text, publicada por la editorial de la prestigiosa universidad de Duke.

Las facultades españolas de humanidades siguen las modas posmodernas y “anticolonialistas” que proceden generalmente de departamentos universitarios de la academia norteamericana. No hay que indagar mucho para descubrir publicaciones pintorescas regadas con dinero público, pero eso ya es material (y abundante) para otro post.

La glaciología feminista es la punta del iceberg

Sobre el fascismo

Extracto del libro Liberal Fascism, de Jonah Goldberg, sobre la esencia y base del fascismo.

Algunos extractos de su programa [de los fascistas italianos]:

  • Disminuir la edad mínima para votar a 18 años, edad mínima para ser representantes a 25, y sufragio universal incluyendo a mujeres.
  • “La abolición del Senado y la creación de un consejo técnico nacional en labor intelectual y manual, industria, comercio y cultura.”
  • Finalización del reclutamiento obligatorio.
  • Revocación de los títulos nobiliarios
  • “Una política exterior orientada a expandir la voluntad y poder de Italia en oposición a todos los imperialismos extranjeros.”
  • La promulgación de una ley estatal para la jornada laboral de 8 horas reales para todos los trabajadores.
  • Un salario mínimo
  • Creación de cuerpos de gobierno formados por representantes de los trabajadores.
  • Reforma del sistema de pensiones y el límite por edad para trabajos peligrosos.
  • Forzar a los terratenientes a cultivar la tierra o expropiación de la misma para dársela a veteranos y cooperativas de agricultores.
  • Obligación del estado a construir escuelas “estrictamente seculares” para crecer la “condición moral y cultural del proletariado”.
  • “Un gran impuesto progresivo al capital que suponga el equivalente a una expropiación parcial de todos los ricos.”
  • “La requisación de todos los bienes pertenecientes a congregaciones religiosas y la abolición de los beneficios episcopales.”
  • La “revisión” de todos los contratos militares y el “secuestro del 85% de todos los beneficios económicos de la guerra.”
  • La nacionalización de todas las industrias armamentísticas.

Es decir, esencialmente son propuestas muy similares a muchos partidos de izquierdas, donde el trabajador es la base o la excusa para crear un estado potente. Lo que aparenta ser todo por y para el pueblo, se convierte en algo así como el bien común por encima del individuo. La diferencia entre las ideas de Marx y el fascismo (una de las principales) era que el fascismo no creía en una internacional socialista, sino en un socialismo nacional. Es decir, para el comunismo, la base de la lucha, el motivo, era la clase obrera. Para el fascismo era el italiano de a pie.

Porque Il Duce era socialista.

Sobre el fascismo

Intelectuales contra intelectuales

El lunes leí una curiosa entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca contra los intelectuales y los “todólogos”. Sánchez-Cuenca es un politólogo/sociólogo y profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid que suele opinar de vez en cuando en El País, El diario y otros medios. En la entrevista se promociona su último libro, La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política, donde este autor desarrolla una tesis que ya había bosquejado en algunos artículos: el daño que hace la (desmedida, según él) influencia de ciertos escritores en el debate político español.

En qué estoy de acuerdo.

Probablemente Sánchez-Cuenca tiene razón al afirmar que los artículos sobre política que predominan en los periódicos más leídos de nuestro país son de carácter literario, retórico u “holístico”. Es lo que él denomina “literatura política”. Todavía hay escasez de artículos analíticos que sustenten sus afirmaciones más contundentes con datos empíricos. Como Sánchez-Cuenca, tengo la impresión de que valoramos más lo que dicen los intelectuales de letras que en el mundo anglosajón, donde gente como Nate Silver, Noah SmithSteven Pinker o Matt Ridley, por mencionar unos pocos, suelen hablar de política con datos, y donde los laboratorios de ideas (think tanks) de análisis político y social tienen una enorme importancia.

El auge mediático en España de los politólogos y los economistas tras la crisis responde a la demanda de un enfoque diferente, alejado de los tertulianos habituales de partido y más “objetivo” y “técnico”. Sin embargo, se ha recorrido poco camino y la desconfianza ante un enfoque más pragmático de la política (la política basada en pruebas) todavía parece considerable. Y no conviene olvidar que tal política experimental puede tener costes políticos a corto plazo y que no es fácil venderla en el marco democrático-electoral. La política de resultados es poco “sexy” y preferimos enfrascarnos en debates bizantinos sobre si una medida es de izquierdas o de derechas.

En qué no estoy de acuerdo.

Como ya decíamos aquí, todos tenemos sesgos cognitivos. Expertos incluidos. Nadie se salva y en esta casa también los tenemos, y bien gruesos. Por eso no deja de ser llamativo que Sánchez-Cuenca mencione especialmente con nombre y apellidos a intelectuales liberales, conservadores o simplemente críticos con algún aspecto de los gobiernos del PSOE, con los nacionalismos periféricos o con el estado de la educación en España: Vargas Llosa (que acertó ya en 1999 sobre el destino futuro de Venezuela), Fernando Savater, Félix de Azúa, Jon Juaristi, Arturo Pérez-Reverte… Sí, todos han hecho alguna que otra afirmación gruesa, ¡pero también lo hace Sánchez-Cuenca en la entrevista! Además, ¿se ha cuantificado si el panorama intelectual e intelectual de nuestra nación es (políticamente) conservador? ¿En serio cree que la postura liberal de Vargas Llosa es la que predomina en el discurso de la literatura política? Espero que se entienda que ahí hace falta el [citation needed] que pide a los demás.

Por otro lado, Sánchez-Cuenca se queda corto. Si es deseable, como él mismo afirma, aumentar la calidad y la pluralidad del debate político español, yo propongo también que hablemos de asuntos incómodos, de lo que no se dice. Metamos en la conversación las sugerencias de la genética del comportamiento (y 2), la importancia de la inteligencia en la educación (y en otros ámbitos), las diferencias biológicas de género, la falta de diversidad ideológica en las ciencias sociales, los problemas de la democracia de masas,  la posibilidad de una eugenesia sensata en el siglo XXI, nuestros problemas demográficos en el marco del Estado de Bienestar y un largo etcétera. ¿La apertura del campo de debate político incluye dudar del axioma de que lo cultural siempre se explica con lo cultural?

Si podemos enriquecer el debate con esos temas sin ser tachados a priori de “fascistas biologicistas”, yo encantado. Pero si limitamos esto a una lid entre científicos sociales “progresistas” y literatos “de derechas”, esto es, a otro conflicto de intelectuales contra intelectuales por la hegemonía cultural, estaremos solo un ápice mejor que antes.

Intelectuales contra intelectuales