Las armas y las letras

ada

Se ha liado parda porque la alcaldesa de Barcelona y ex-activista social, Ada Colau, ha declarado que no le gustaba la presencia de militares en un stand de la Feria de Enseñanza. Por supuesto, la versión de lo sucedido depende de los medios y de las afinidades de los comentaristas. Véase aquí, aquí, aquí, aquíaquíaquí o incluso aquí. Yo creo que son más interesantes las reacciones y los memes, que han volado por las redes sociales, en defensa de la sugerencia de Colau de separar “lo civil” de lo “militar”. Se ha dicho que está mal  que el Ejército promocione sus amplias y atractivas posibilidades formativas a los jóvenes en un “evento civil”, aunque en ningún momento hubo veto de la Feria y, de hecho, es muy común que los militares estén presentes en actividades similares sin que haya tumulto alguno.

Desde luego, este rechazo público de la presencia de las Fuerzas Armadas españolas en un espacio de exhibición formativa forma parte de un entramado ideológico más amplio que ya tratamos aquí: el asco que siente el europeo posmoderno por el pasado y por los valores masculinos, tradicionales y “robustos”, al que se añade el conocido odio a España. Por ejemplo, he leído que la presencia de los militares en los “espacios civiles” es una afrenta a los Derechos Humanos y a la convivencia pacífica y otros comentarios de esa clase. La dura verdad es que la paz europea depende en parte del trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, sí, del paraguas militar en el que reside, en última instancia, la defensa de la soberanía de la Patria y de las instituciones que tanto nos gustan, como la democracia liberal. Sin una fuerza policial, militar o armada que las materialice, las leyes o los Derechos Humanos son puro humo metafísico.

Es momento de recordar un fragmento del discurso de las armas y las letras que aparece en Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, que era desde luego un señor más avispado que nosotros en estos menesteres (la negrita es mía):

“(…) dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más”.

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