Trueque, moneda y control estatal

No es mejor el trueque, no es mas eficiente ni mas justo. El dinero, la moneda, se impuso porque era mucho mas eficiente, mejor para la economía (de todas las personas, desde comerciantes, compradores y banqueros hasta los mismos reyes). Decir que es un invento del capitalismo es un sinsentido. Decir que es el mal del mundo es no saber de que se habla. El dinero es una herramienta

Ineficiencias

Vayamos al asunto. En muchos entornos más o menos anticapitalistas, se tiene el trueque como la manera más justa, o una manera más justa, de gestionar la economía que el propio dinero. Ven este último como una herramienta maligna impuesta por “los mercados”, esos entes malvados. Y consideran que muchos problemas actuales vienen por existir el dinero. Las personas, dicen, se convierten en esclavas del dinero y de su posesión. En parte es cierto, pero la esencia es que no entienden que el dinero es una herramienta para conseguir cosas: comida, comodidades, ropa… ¿Hay gente que se obsesiona con el dinero? Puede ser, pero porque no han entendido tampoco para qué sirve.

Otro problema es que las experiencias con el trueque son parciales y limitadas a situaciones positivas. Ejemplo claro son los mercadillos de trueque. Básicamente, se organiza un evento donde participa todo el mundo que quiera y se llevan aquellas cosas que no se quieren o se necesitan, para intercambiarlas por otras. Todo el mundo acaba muy contento por haber participado en algo tan “alternativo” y “justo” como el trueque. Doy algo que ya no quiero y obtengo algo que tal vez quiera. Lo que no se ve a primera vista es lo siguiente: nunca son objetos de primera necesidad ni los que participan realmente necesitan aquello que obtienen o ceden. Puede ser muy divertido cambiar un libro que ya se ha leído y no interesa más, por cualquier otra cosa que llame la atención. Sin embargo, echando un ojo a los objetos que hay en esos mercadillos, es fácil darse cuenta de que prácticamente nada de lo expuesto tiene valor para el que lo aporta. Son los restos y cosas inútiles que nadie sabe qué hacer con ellas.

Esto es clave, puesto que las negociaciones resultan muy amistosas. Nadie necesita realmente ni lo que ofrece ni lo que pide. El ejercicio de verdad sería poner sobre la mesa recursos reales. Es decir, el trueque real sería intercambiar la única docena de huevos por un trozo de carne, leche o un kilo de arroz. No es un ejercicio posible, sólo teórico, puesto que se tendría que necesitar realmente ese producto para ver la dinámica que existe en los trueques. Al final, en un trueque, aquél que menos necesita es el que más consigue.

Imaginemos que una persona necesita arroz para comer durante más días y sólo tiene unos huevos. Pero el que tiene el arroz no está en esa necesidad. Salvo que haya mucha gente que quiera conseguir huevos, estás a merced del tipo que tiene arroz en abundancia y conseguirá menos cantidad que, por ejemplo, la semana anterior cuando nadie tenía huevos. Y no porque el que tiene arroz sea malvado, sino porque habrá otro que le de más cantidad o le de otras mercancías que le interesen más. Algo que cualquiera también haría, porque no somos idiotas. El precio de intercambio de los bienes cambiaría de forma variable e impredecible de una semana a otra obligando a la sociedad a vivir al día.

¿Y qué pasa si no hay lo que un individuo necesita? Tiene esa docena de huevos pero no hay, digamos, leche. Ha de guardar los huevos… pero se pueden estropear y se quedará sin nada. El dinero permite ahorrar e invertir en necesidades o en mejoras para la propia persona. Sin dinero, viviríamos en sociedades preindustriales donde, en contra de lo que puedan decir algunos nostálgicos de la nada, no se vivía mejor.

Resulta curioso que quienes participan en estas actividades, suelen predicar que es más justo, que el dinero no lo es y nos convierte en esclavos. Es curioso, porque precisamente el dinero nos permite comprar cualquier bien independientemente de cuál produzcamos. Y a un precio bastante más estable. Siempre que se entienda su uso como herramienta de intercambio en la dinámica de oferta y demanda (una dinámica que existe siempre, independientemente del sistema político y económico). Si no es así, si el Estado decide usar la moneda para imponer sus normas y controlar esa dinámica, entramos en una dinámica que va a destruir la economía.

Bitcoins y el control estatal

¿Por qué eso es así? Porque la principal característica de una moneda, para ser válida, es que su valor respecto a lo que se puede conseguir comprando, ha de ser más o menos estable a lo largo del tiempo. Pero qué ocurre si un Estado (que son los que controlan la moneda) o una agrupación de los mismos, fijan artificialmente los precios y modifican la cantidad de dinero disponible en base a sus intereses… pues que esa moneda deja de ser confiable, puesto que las 100 unidades de hoy, pueden valer menos mañana. Así que la tendencia es que la gente no ahorra, intenta gastar todo el dinero en otros productos más estables o de necesidad. En definitiva, se desajusta el sistema de forma artificial y se llega a una crisis.

La pregunta es: ¿de qué manera se puede mantener la estabilidad de una moneda? Al final siempre habrá que tener una entidad que la gestione, ¿no? Y los gobiernos parecen las más confiables… salvo que no haga falta esa entidad y la moneda se autorregule, siendo muy difícil imprimir o generar más moneda. La tecnología proporciona esa posibilidad.

Bitcoin es el enemigo del estado. Porque esta fuera de control. Estamos de acuerdo con que el estado existe para garantizar ciertas cosas, al menos de manera teórica. Es una forma eficiente de agrupar personas y dotar de reglas de convivencia a la sociedad así formada. Pero ocurre a veces que el estado se vuelve demasiado fuerte. No solo eso, sino que convierte a sus ciudadanos en niños pequeños que necesitan de su protección y consigue así perpetuarse como organismo controlador. Si los ciudadanos creen que necesitan un estado grande que controle todos los aspectos de su vida, nunca renunciarán a ese estado de forma voluntaria.

La moneda digital ha tenido muchos altos y bajos y ha generado mucha polémica. Sin embargo, ha llegado para quedarse. La idea es que no se puede generar moneda de forma arbitraria y las transacciones y control de la moneda se realizan de forma global y distribuida, usando tecnologías de criptografía y redes P2P. La variación del valor de la moneda ha variado muchísimo (aunque la tendencia ha sido casi siempre creciente), en parte porque su cambio se establece en base a monedas nacionales.

¿Será el futuro uno en el que la moneda sea digital? Hay muchos problemas añadidos, pero en cualquier caso, la moneda, el dinero, seguirá siendo por mucho tiempo lo que es hoy en día: una herramienta para articular una ley universal que es la de la oferta y la demanda.

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