¡Que viene el lobo!

Llevamos años ya de justicia social en los medios, con lo políticamente correcto dominando el entorno y la comunicación pública hasta el punto que el hartazgo ha hecho que Trump parezca imbatible. Y seguimos viendo caso tras caso de llamada de auxilio, de acusación de misoginia, racismo u homofobia en el momento en que alguien se atreve a desafiar el discurso oficial. Incluso en EEUU, estos luchadores de la justicia social empiezan a clamar por eliminar el derecho a libertad de expresión porque es ofensivo que alguien les lleve la contraria o que alguien piense distinto. Es decir, consideran que el que alguien contradiga sus opiniones o defienda ideas que les resultan ofensivas es algo que les pone en peligro.

La cosa es que desde hace mucho tiempo se ha ido gestando una serie de sectores sociales que se han convertido en víctimas perpetuas. Una generación de niños mimados que piensan que el mundo ha de plegarse a sus deseos. Y se les ha tratado tan bien, se han atendido tan diligentemente sus problemas y disgustos, que resulta duro volver a ser un ciudadano normal, con sus pros y sus contras. La casta de los sobreprotegidos, que no quieren ceder un ápice de su poder. Porque sí: alegar acoso, sexismo u odio en cuanto alguien te lleva la contraria y te gana con argumentos y que funcione para silenciar el debate… es poder. Y mucho.

El problema es que, como dice Milo en el enlace anterior, esto es como el cuento de Juan y el Lobo (bueno, él no habla del cuento, que por el nombre tiene pinta de ser muy castizo): que llega un momento en que, aunque de verdad venga el lobo, nadie te hace caso porque has perdido toda credibilidad. Quizá muchos, que aún no se han dado cuenta de esta dinámica tan común hoy, piensen que hay un aumento en el numero de racistas, misóginos, homófobos y mala gente en general. Pero me da a mi que se trata más bien de que la gente está levantando la liebre y los medios en seguida les tratan de extremistas violentos o, como poco, intolerantes. Todo con tal de no desafiar la narrativa oficial.

internet_white_knight_colored_4350Pasa con los grupos que aparecen que luchan por los derechos de los hombres (y los padres en particular), que son tachados de machistas y de misóginos sin valorar los argumentos. Porque en cuanto se grita “¡que viene el lobo!” toda una cohorte de guerreros de la justicia social, caballeros al rescate de las damas (a través de internet) y demás bienpensantes, salen a contraatacar, sin pararse a mirar los argumentos de cada uno. Porque si alguien tacha de misógino o machista a otro, no hay argumento que valga: el debate ha terminado. Ese es el truco, que ya nadie va a molestarse en indagar en los argumentos de ambas partes, porque son acusaciones pegajosas que afectan a quien las recibe y también a quien se mantiene imparcial o busca razonamientos. Así funciona.

Lo mismo con los refugiados y su problemática. Países cerrando fronteras ante los problemas que supone una política de puertas abiertas; pueblos afectados protestando por la cantidad de problemas que lleva el meter en un pueblo pequeño tres veces la población existente, con culturas muy diferentes y en conflicto en muchos puntos; la plaza de Colonia en Año Nuevo y gobiernos asociados con medios de comunicación para censurar noticias al respecto, porque entraban en conflicto dos principios de la narrativa: no podían clamar acerca del racismo de los que dudan de la política referente a los refugiados, ni podían clamar en contra del machismo imperante, puesto que eso apuntaría a los sucesos de Año Nuevo. Da lo mismo, no miremos sus argumentos porque alguien ha gritado “¡que viene el lobo!” así que son racistas, xenófobos y fascistas inhumanos. La misma historia.

¿Es el coleteo final de unos medios de comunicación corruptos, de una ideología buenista y globalista que ha fracasado por obviar cosas como la realidad misma? ¿O es el comienzo de una nueva etapa de censura? Tal vez el fin de la cultura occidental, que se ha convertido en una cultura con odio hacia sí misma en base a hechos que cualquier otra cultura en la historia ha realizado (se llama supervivencia, tribus y biología, nos guste o no) y, cual Roma imperial y decadente, será fagocitada por los “bárbaros”. A nivel especie, parece que las cosas siguen su curso, puesto que los bárbaros derrocaron a Roma, pero ni el mundo ni la civilización se han detenido. Sin embargo, como perteneciente a esa cultura, me parece lamentable ver a tanto buenista autoflagelándose por haber nacido caucásico, en el primer mundo o con pene. Porque si somos iguales sin importar el color, el país o el sexo con el que nacemos, no deberíamos considerarnos peores que otras culturas. Todo absurdo, infantil.

Hablaremos en siguientes artículos sobre hechos relacionados con el de hoy.

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