Estocada en la tripa de la bestia

Después del tercer debate, la tradición junta a los dos candidatos a la presidencia de EEUU en un evento compuesto por autoridades religiosas, civiles, medios de comunicación y personas adineradas, para donar dinero a obras de caridad, en un acto de hermandad entre todos los americanos, del bando que sean.

Eso es sobre el papel. La realidad es que todos están igualmente conchabados para mantener el poder y hacer los negocios que hagan falta. Naturaleza humana. Este año, los plutócratas invitaron a Donald Trump pensando que sería el bufón de la noche. Quizá, pensaron, al verse solo ante tantos que se le oponen, se la envainaría y haría las típicas gracietas. O tal vez, entraría en modo berserker y arremetería contra todo de forma irracional, lo que también supone un espectáculo divertido para la velada. Pero Trump decidió asestar una dura puñalada a la bestia, cuando menos se lo esperaba. Un monólogo de humor brillantemente diseñado. Fijaos en la estructura del mismo, mientras veis el vídeo:

Un comienzo ligero, con algún detalle de humor irónico, planteando una especie de paz temporal entre sus enemigos y él. Se bajan todas las defensas, porque creen que está claudicando al estar rodeado de tanta gente en su contra. Mantiene algunos ataques a Hillary, pero sobre asuntos menores no relacionados con política y siendo más anécdotas. Todo envuelto en la capa del humor. Risas y aplausos entre el público que piensa que han vencido su resistencia y que pretende mostrarse conciliador. A mitad del discurso, el humor sigue presente pero los temas de los que habla ya son asuntos graves y escandalosos: la corrupción de Hillary, los cables de Wikileaks y los últimos escándalos de su campaña, donde se ha visto a sus líderes reconocer que ellos provocan los disturbios y promueven la violencia en los eventos de Trump, así como connivencias entre medios de comunicación y sus jefes de campaña. La ironía se endurece.

Del humor pasamos a caras serias, preocupadas e incómodas. Algunos abucheos, pero eso no para a Trump de seguir con su retahíla de “gags”. Y como buen maestro de la persuasión que es, sabe que el público necesita una excusa, un motivo, para olvidar el mal trago aunque sea momentáneamente, así que cierra el discurso hablando de todo el dinero recaudado, de lo buenas personas que son por ello y de cosas positivas de la velada. Así, cierra el discurso y recibe aplausos al terminar. No son aplausos entusiastas, sino aplausos de alivio. Así se ataca a la bestia: haciéndole creer que vas a rendirse y ser su cena, y abrir un hueco en su tripa desde dentro.

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Estocada en la tripa de la bestia

La sociología y el marxismo cultural

Se ha hablado mucho sobre el sesgo progresista (liberal bias) que hay en la academia. Es decir, que la mayoría de los profesores e investigadores son de izquierdas. Efectivamente, parece cierto y no es ninguna teoría conspirativa de la derecha. Pero hay variaciones entre disciplinas. Aunque en Estados Unidos los académicos, en general, tienden a posturas de izquierda (y un 18% de científicos sociales se etiqueta explícitamente como “marxista”), en sociología el asunto es alarmante: hay más profesores de extrema izquierda que de centro y conservadores juntos. Por otro lado, también llama la atención el número elevado de progresistas en astronomía y astrofísica, mientras que en matemáticas y estadística, economía e ingeniería la cosa está más equilibrada:

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Viene de Nature.

¿Cómo estará el tema en las universidades españolas?

La sociología y el marxismo cultural

El biólogo Jerry Coyne y los tabúes de la academia

Jerry Coyne

En este interesante artículo,  el profesor Jerry Coyne, biólogo y experto en especiación de la Universidad de Chicago, comenta la existencia de dos tabúes que predominan en la academia: hablar sobre las razas (o poblaciones humanas con ciertas diferencias genéticas) y hablar sobre las diferencias biológicas entre sexos, tanto físicas como de conducta. Incluso sugerir que las razas existen (como hizo hace un tiempo Richard Dawkins en Twitter) o que hombres y mujeres tenemos comportamientos diferentes puede conducir a un linchamiento virtual y, en algunos casos, a la pérdida del trabajo o amenazas de muerte.  Esta atmósfera asfixiante para la libertad académica es palpable en cualquier universidad de Occidente: son temas prohibidos bajo pena laica de excomunión. Un joven investigador con una brillante carrera de por medio no puede arriesgarse a hablar francamente y en público si quiere comer mañana. No en vano, el mundillo internetero intelectual de la biodiversidad humana está poblado de gente con nicks anónimos.  Mientras, las ciencias sociales y sus explicaciones tienen cada vez más problemas y huecos.  La verdad, sería interesante ver qué dirían Coyne y Dawkins sobre estos temas si (sus fans) se lo pudieran permitir, aunque ambos, por lo demás, son conocidos progresistas. En cualquier caso, parece que la ventana Overton está moviéndose.

El biólogo Jerry Coyne y los tabúes de la academia

No, no quiero “ser feliz”

Meme visto en el Facebook de Alec Windsor
Meme visto en el Facebook de Alec Windsor

Casi el mundo quiere ser feliz pero nadie sabe con exactitud quién es esa señora llamada felicidad ni por qué merece toda nuestra atención y sacrificios. No hablamos aquí de la eudaimonía de los clásicos, el florecimiento intelectual que requiere transitar con esfuerzo durante toda una vida por el (arduo) camino de la virtud. Eso es realmente jodido de conseguir, si es que se logra. Tampoco tengo en la cabeza el bienestar o las definiciones más técnicas de la felicidad que han elaborado los expertos. Estoy pensando más bien en la ideología presente de la felicidad, la felicidad canalla, que es un mejunje de “evita la gente y los entornos tóxicos, el corazón todo lo puede, no tengas pensamientos negativos, ve a lo cómodo y lo sencillo, no te compliques la vida”. Hay quien  se obsesiona con la búsqueda de este tipo low cost de felicidad y acaba, al final, lleno de ansiedad y sin un puto duro.

Visto así, no es raro que Goethe afirmara que la felicidad es cosa de plebeyos. El desdén hacia tareas difíciles, la huida de cualquier tipo de tensión vital y el engaño que nos blinda ante los aspectos tóxicos (intrínsecos) de la realidad son actitudes más propias de cobardes o ermitaños psicológicos que de gente adulta y valiente. Si valoramos más que nuestros niños sean “felices” a que estén bien formados y que tengan contacto con el mundo real y el pasado, acabamos creando una generación poco preparada, victimista, poco flexible y, además, con pocas posibilidades de ser auténticamente feliz (en el sentido griego).

Cuando Nietzsche habló en su Así habló Zaratustra del “último hombre” estaba pensando en todo esto. El último hombre es la figura inversa del superhombre, esto es, un individuo que solo quiere ser feliz y, si puede ser, desde el salón de su casa, tumbado en un sofá. Podríamos incluso describir al último hombre como alguien vitalmente emasculado: ha perdido las ganas de explorar, la curiosidad de ir más allá, de aprender con esfuerzo y sufrimiento, de producir, de generar épica. No ve nada interesante por lo que trabajar o morir; no concibe metas elevadas que lo dignifiquen.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek ha mostrado su desacuerdo con la ideología moderna de la felicidad en más de una ocasión. Cree que hay cosas más importantes que buscar la  felicidad y que un perfecto imbécil puede ser la persona más feliz de la Tierra. Zizek prefiere ver la vida como una lucha eterna, especialmente contra sí mismo.  Comparto este ideal y simplemente me gustaría reivindicar su derecho a existir en el espacio ideológico, en un mundo repleto de una cansina happymanía.

No, no quiero “ser feliz”

Oveja devora oveja

https://santiagonzalez.wordpress.com/2016/08/06/el-hombre-nuevo-ya-esta-aqui-lastima-que-se-parezca-tanto-al-viejo/

Esto no es muy actual, pero sirve como ejemplo de lo que quiero comentar.

La táctica de no hacer nada esperando ser devorado el último no funciona contra un animal salvaje, porque al final, tienden a devorar a la presa que menos resistencia ofrece. Y esto está pasando con los movimientos del feminismo más radical. Años han pasado en los que han recibido atención a todas las demandas que se han planteado, sin cuestionar lo legítimo de tal demanda. El miedo que tenían muchos de no ser suficientemente feministas les impedía analizar las acusaciones, como ha de hacerse si uno cree en la presunción de inocencia, de forma que se ha llegado al punto en que pedir pruebas de una acusación por parte de una mujer hacia un hombre, es propio de machistas opresores. La rabia y frustración de los radicales feministas debido a lo “mal” que les trata la sociedad “patriarcal” les ha impedido, no solo darse cuenta de sus propios fracasos, sino incluso de ver las formas de mejorar su vida sin necesidad de hundir a los demás.

Y así ha ido pasando los últimos años, que cada vez que una mujer sufría una situación mala o desagradable era culpa de todos los hombres, que apoyan, de forma inconsciente incluso, el patriarcado. Los feministas, con ansias de congraciarse con ellas y pensando desmarcarse de todos esos “otros machistas inconscientes”, apoyaron y promovieron esas causas. La competencia sexual y la escasez hace que las personas lleguen a denigrarse incluso, para intentar conseguir relaciones románticas. Pero ni así. Ahora, no basta con ser un hombre feminista, ni afeminado, ni siquiera combativo en esa arena. Desatar y no poner cotas a la radicalidad de cualquier tipo lleva a lo que ya ocurrió en la Revolución francesa: que los revolucionarios iniciales, terminan siendo los opresores de los über-revolucionarios. Y se los comen. Porque la biología es muy puta y la autodegradación solo provoca más desprecio por parte de quienes creían que iban a alabarles.

Así, las ovejas se comienzan a devorar entre ellas. La acusación es que no se han situado del lado de las víctimas, que han cuestionado sus acusaciones. Lo que se esconde detrás es que han exigido pruebas de las agresiones machistas (teniendo en cuenta que hoy en día, intentar flirtear con una mujer se considera una agresión machista, es bastante razonable pedir esas pruebas). Y es una prueba más de que este tipo de feminismo no sabe lo que es la igualdad y solo le interesa el poder… a manos de mujeres. Estas feministas hablan de opresión,

Hablemos de los espacios seguros. Las feministas (y muchas agrupaciones de izquierdas más irracionales) piden, exigen espacios seguros. Esto no son más que entornos donde puedan decir sus pensamientos sin una sola réplica, solo con aplausos después. La generación más preparada de la historia, parece que es la generación más mentalmente floja de la historia. Los espacios seguros ya no son de debate. Si alguien contradice o contra argumenta una idea, es una agresión y el espacio deja de ser seguro. Y si encima tiene pene, muchísimo peor. Eso para mí es sexismo, pero aceptemos barco. Lo gracioso del asunto es que estos grupos feministas que exigen que les proporcionen un espacio seguro, lo exigen… a hombres. No es una ironía, puesto que de eso se trata ese feminismo en particular: el cuento de la princesa con el príncipe que la rescata. Pero ojo, nada de casarse ni tener hijos, ni siquiera una relación, que da pereza. Es decir, mantener los principios antiguos de deferencia a lo femenino, los privilegios que ello conllevaba, sin las responsabilidades.

Exactamente lo mismo que con el derecho de ejercer la libertad de expresión. Como niños malcriados, quieren el derecho a expresarse libremente… sin que otros tengan el derecho de responder a sus ideas libremente. Porque eso lo consideran machismo, mansplaining y opresión. No entienden que si uno quiere ser adulto para poder expresar sus ideas, ha de ser adulto también para afrontar la crítica a esas ideas.

Consideremos otro caso más reciente de feministas contra feministas. Un hastag de Twitter para, supuestamente, apoyar a las mujeres, pero que resulta ser un intento de ridiculización de los hombres como género. Nada importante, puesto que tiene muchos puntos graciosos. Al fin y al cabo, el humor consiste muchas veces en eso. Pero claro, todo termina con otras ovejas intentando comerse a las primeras.

Esto tiene que ver también con la mentalidad de victima y de querer ser especial sin esfuerzo. Entonces, el famoso virtue-signaling, que es la consecuencia de una cultura que ha llevado lo políticamente correcto al extremo, se convierte en la razón final por la que las ovejas se terminan asesinando unas a otras, ante la mirada sorprendida del perro pastor. Porque en el caso del hastag, la gente mostraba su apoyo a la causa, aunque fuese como viene siendo habitual desde el feminismo, ridiculizando a los hombres como genero. Muchos caballeros de brillante armadura se unían a la fiesta, para desmarcarse de los machirulos. Pero claro, hay mucha gente que ya no puede llamar la atención así, porque es demasiado mainstream y no se sienten suficientemente especiales. Así que de ahí que comentasen cosas como transfobia, o como que desde cuando los hombres no pueden tener la regla… Esto último puede parecer bastante conflictivo. Pero no. Desde el momento en que los sexos son un asunto social y político, pero no biológico, cualquier cosa es posible. Gracias “tolerantes hasta la estulticia”, feminismos de nuevas realidades y demás grupos queriendo ser más tolerantes que los tolerantes, por confundir a la gente y por tomar lo raro, lo extremo y lo, en ocasiones, patológico, como norma.

Así que llegaremos dentro de no mucho tiempo a la situación de EEUU, donde ya hay baños asexuales, o directamente baños donde puedes entrar simplemente porque dices ser el genero en cuestión. No importa que tengas barba, brazos de albañil, cuerpo testosterónico y un miembro eréctil (que no necesariamente erecto). Tampoco importa que en tu vida diaria te conduzcas como un hombre, o que te atraigan sexualmente las mujeres. Porque basta que digas que eres mujer, que te sientes como tal y que enarbolas la bandera de la opresión cisnormativa para poder entrar.

Y es que el feminismo ha dejado crecer a la hydra que esta comenzando a devorarlo. Porque ahora resulta que son feministas las que defienden este tipo de cosas que, por si no se han dado cuenta, hacen que las mujeres no puedan estar tranquilas ni en el baño, porque puede entrar un hombre que diga ser mujer. Y no hablemos ya de los niños. Así es como ha evolucionado el feminismo. Hacia la irracionalidad mas absoluta. Y se devora a si mismo en su estulticia.

Oveja devora oveja