Vuelve el fascismo, pero por el lado que no te crees

El problema del fascismo es que siempre ha estado latente pero mirábamos al lado equivocado. Pensábamos que el fascismo vendría por la derecha, cuando su origen y el lugar de donde provendrá, es desde la izquierda. Movimientos populistas, el pueblo por encima del individuo y el Estado como organizador y gran director de todo ello. Poco a poco, se permiten censuras, pequeñas al principio, de las opiniones que son feas, o intolerantes o racistas. No se contestan, sino que se silencian porque es lo correcto. Poco a poco, la deriva va llevando a censurar otras opiniones por las mismas razones aunque no tengan que ver tan directamente. Si tienes objeciones a abrir las puertas a los refugiados porque plantean una serie de retos que no se han tenido en cuenta, eres un racista y has de ser censurado; si no estás de acuerdo con medidas como el salario universal, eres un neoliberal que quiere tener semi-esclavos.

No se analizarán los argumentos aportados ni se propondrán razones para oponerse a esos argumentos. Simplemente se usará el desprestigio (machista, racista, homófobo… opresor en general) y el insulto para evitar y enterrar el debate antes de que asome. Y eso, aunque los habitantes de la burbuja irreal que es la izquierda hoy en día se sorprendan, es uno de los pilares del fascismo. La falta de libertad de expresión de tus ideas, sin entrar ya en la posibilidad de debatirlas. Artículos como este no dejan de ser abundantes y curiosos: la desconexión de la realidad es enorme. Además, la incapacidad de entender los argumentos de aquellos que piensan distinto a él hacen que piense que son fascistas malvados comeniños. Es decir, la incapacidad de entender al contrario (que no significa estar de acuerdo, sino entender sus razonamientos y motivos). Interesante también que haga referencia a que el mainstream es quien está permitiendo el auge de estos movimientos calificados de fascistas, cuando el mainstream es precisamente su posición, escribiendo en un blog donde puede enlazar multitud de otros medios de comunicación mainstream que argumentan y piensan igual que el escritor. Leed el artículo si no lo habéis hecho aún, y vayamos por partes.

la legitimidad de tipos como Trump o Le Pen no procede de una atracción repentina por una nueva marca de populismo de derechas, sino de la amplia legitimación de sus principales puntos de vista por parte de la política dominante.

Primera actitud claramente intolerante: no es que la gente apoye a estos tipos, (porque eso implicaría tener que entender por qué, y eso es muy peligroso), sino que los políticos dominantes legitiman sus principales puntos. Esto es directamente negación de la realidad. Ambos tipos son un problema grande para sus enemigos políticos, puesto que pueden perder una base importante de apoyo. El gran éxito (y peligro para la política dominante) es que son outsiders. No pertenecen al establishment político y, por tanto, pueden romper con los pactos no escritos que tienen las diferentes facciones. Esas reglas de juego pactadas de forma tácita en la profesión que grupos como Podemos podía quebrar (y crear también un buen problema para la llamada casta). Y es absurdo pretender que los políticos dominantes legitiman sus principales puntos de vista, puesto que si uno se informa mínimamente de lo que dice cada uno y de los debates que tienen, descubre que tanto Trump como LePen están en el ojo del huracán, y tienen en contra incluso los de su mismo partido. En concreto, los republicanos en el caso de Trump que incluso habiéndose retirado ya de la carrera presidencial, siguieron intentando tumbar al del flequillo, negándole apoyos y boicoteándolo todo cuanto puedieron. Ataques personales incluidos. Es delirante la ignorancia (voluntaria o involuntaria) con la que abre el artículo.

Lo siguiente que viene es una lista de acusaciones que explica (o intenta explicar) a los liberales porqué provocaron ellos la llegada de Trump.

  • Cuando deshumanizasteis al pueblo de Afganistán e Iraq de manera que sus víctimas no merecían ni contarse.
  • Cuando aplaudisteis los ataques con drones contra ‘hombres en edad de combate’ sin nombre.
  • Cuando insististeis en que era *imprescindible* mantener una ‘conversación sincera’ sobre los ‘extremistas musulmanes’.
  • Cuando preguntasteis con absoluta ignorancia: “¿Dónde están las voces musulmanas que condenan a X, Y y Z?”
  • Cuando señalasteis algo llamado la ‘comunidad musulmana’ por tener un ‘problema’ con la ‘radicalización’.
  • Cuando justificasteis todo esto al jurar que no estabais en contra del *Islam*, solo del *islamismo*.
  • Sí, liberales occidentales, cuando hicisteis todo esto y más, fuisteis los teloneros encargados de preparar el escenario para el concierto que no está dando actualmente de Donald Trump.

Como es habitual en estos exabruptos basados en el buenismo idealista en lugar del sentido común, mezcla unas cosas con otras.En primer lugar, asume que todos los “liberales” miraron para otro lado respecto a las guerras de Iraq y Afganistan. Un hombre de paja de libro. Luego suelta unas perlas que no son más que frases que implican la censura de pensamiento: mantener una conversación sobre extremistas musulmanes no sería insensato. Es necesario para determinar realmente si el problema surge en la religión (de partes concretas del mundo) o de otro tipo.

Pero no, no está permitido porque rebatiría el discurso oficial del buenismo y la izquierda, a saber: que los europeos somos muy malos por COSAS, y por tanto todo lo malo que pasa en el mundo es nuestra culpa y la religión cristiana es la peor y las demás son religiones de paz. Personalmente, creo que todas las religiones tienen un componente peligroso de fanatismo en su interior, pero la idea es ofrecer la imagen que lo nuestro es lo peor. Así que cuestionar el peligro que pueda suponer la radicalización islamista es siempre contestada con meas culpas y falacias sobre lo malos que hemos sido siempre.

Desde hace mucho tiempo, los musulmanes están pagando los platos rotos del nuevo fascismo, pero la gran desconexión política tiene fecha anterior a su dilema actual.

Dos asunciones equivocadas: primera, que sin Occidente no habría habido guerras en esos países. Eso puede ser cierto en algunos, como Irak. Pero en Siria, el conflicto empezó antes y, de hecho, Occidente se ha metido cuando ISIS ha empezado a controlar ciudades importantes y a avanzar en el dominio del país. Por otro lado, una zona en tensión como Oriente Medio y África no necesita de Occidente para declarar guerras. Y por otro lado, ¿qué platos están pagando? ¿qué musulmanes en particular? ¿Los que viven en Europa o los que viven en esos países? Parece ciego al hecho de que el problema es la radicalización de grupos musulmanes que también atacan Europa de manera cada vez más regular, sin que el autor o los políticos sean capaces de actuar medianamente bien. Estamos indefensos ante esos grupos cada vez más poderosos y estos idiotas sólo dicen que hay que abrir más los brazos y ser aún más buenos. El complejo de autoasco no tiene límite…

Luego viene la llorera habitual de que el neoliberalismo cada vez es más fascista, destruye más la democracia y no sé cuantas cosas más. Todo eso mientras escribe en un medio de comunicación y vive de ello, sin represalias de ningún tipo, y criticando a diestro y siniestro. Todo mientras opiniones como la que estamos expresando aquí han supuesto el despido del trabajador en medios más grandes. Este señor se siente más oprimido que antes, pero no sufre ninguna consecuencia. El problema es que se siente más solo, porque la burbuja se empieza a pinchar y la gente ya no compra sus falacias. Él y los medios afines a su pensamiento, están imponiendo una censura sobre los temas que se pueden poner sobre la mesa y cuáles son tabú, quién puede opinar (si tiene la opinión “correcta”) y quién es un neofascista si osa tocar esos temas. Aún así, este “librepensador”, este adalid de la democracia, suelta esta joya

el neoliberalismo desenfrenado, un creciente autoritarismo, el vaciamiento de la democracia, la degradación del derecho internacional y, últimamente, una vuelta al populismo racista.

La mayor opresión y menor democracia se basa es que la gente ya no piensa como él. El problema, la destrucción del mundo libre, parece tener la causa en que la gente piensa libremente si piensa como él y como todos los mass media de su cuerda. Si piensan diferente, entonces son autoritarios, antidemócratas y malas personas en general. Básicamente, los neofascistas están en ascenso. ¿Y quienes son esos? ¿Son un grupo de unos cuantos con contactos en el poder que manipulan al mundo en la sobra? ¿O son solo los ciudadanos de a pie que se transforman en neofascistas si no piensan como el?

No lo aclara, porque eso sería posicionarse demasiado. Esta es una técnica que llevan usando muchos años de forma eficaz. La llamada a la vergüenza ha de ser anónima, para que todos saltemos rápido y nos declaremos anti-neofascistas. Así, ya no diremos esas cosas que según el autor son propias de neofascistas. Y en vez de censurar a nadie, activa (o lo intenta) los mecanismos de autocensura. De esa forma, no hay voces en contra y puede alegar que somos todos buenos y pensamos todos igual ante la falta de disensiones. Como todos los regímenes fascistas en sus inicios. Buen movimiento.

La guerra contra el terror

Aquí tiene un buen punto. Aunque mezcla muchos hechos distintos en distintas zonas del mundo y realizadas por distintos actores antagónicos, la guerra contra el terror como tal, si fue un movimiento claro para generar miedo y tener manos libres para actuar a diestro y siniestro. Pero se olvida que Obama mantuvo la política de Bush en ese sentido (siguen tropas en esos países, ha comenzado un par de guerras mas, ha deportado mas inmigrantes que otros, ha aumentado el bombardeo con drones… nada mal para un premio Nobel de la Paz), la mayoría de gobiernos europeos que sustentaron esa política y que la mantienen hoy en día son socialdemócratas. Pero esto es algo que omite de forma voluntaria. O quizá debido a su disonancia cognitiva.

Por otro lado, dice que hay que contrarrestar el concepto de “contra nosotros o con nosotros”. Totalmente de acuerdo. Pero para eso, el autor y quienes piensan como él deben abandonarla primero.

Deben dejar de acusar de racista o fascista a quién piense diferente, deben dejar de censurar y acusar de neofascista a quién, como aparecía antes, tiene dudas sobre el problema de los refugiados, de la religión musulmana y de temas candentes. Porque él es el primer usuario de “conmigo o contra mí” que nos encontramos. O piensas como él o eres un racista, o xenófobo o fascista.

Con la emergencia del Estado Islámico y la transformación de la ‘guerra contra el terror’ en una “guerra contra el extremismo”, más amplia (y mucho más perniciosa), sus mensajes cada vez se parecen y se unifican más:

 

  • Hay dos tipos de musulmanes: los moderados que practican su religión de manera pacífica y comparten sus valores, y los extremistas/islamistas que interpretan el islam como una ideología política, rechazan nuestros valores y pretenden imponer la ley de la sharia a las personas musulmanas y no musulmanas;

  • La corrección política y la tolerancia multicultural han debilitado la defensa de nuestros valores y, por tanto, ayudado a la causa de las personas musulmanas extremistas;

  • Hemos padecido el terrorismo a causa del extremismo islamista;

  • Ahora necesitamos apartar las sensibilidades multiculturales y endurecer la oposición al extremismo islamista.

Quizá el motivo es que ES VERDAD. El buenismo idiota y la ignorancia, así como visualizar el mundo a través de un prisma únicamente ideológico no ayuda a entenderlo, sino a empeorarlo. Vemos aquí una censura velada, un “conmigo o contra mí” estúpidamente obvio.

Todos son puntos razonables, para comenzar una discusión al menos, pero el autor indica implícitamente que como oses pensar o plantear alguno de estos argumentos, eres de los otros, están contra el bien. Racista, neofascista, xenófobo. Es la mejor manera de cerrar un debate: no permitiendo ni siquiera que empiece. Así no hace falta tener argumentos ni razones ni analizar la realidad. Sólo basta la ideología.

Aparte de que el punto que pretende pintar como neofascista, el que dice “Hemos padecido el terrorismo a causa del extremismo islamista;” lleva implícito ese sentimiento de culpa eterno de la izquierda europea, ese asco a nuestra cultura y nuestro pasado. Puesto que lo que va implícito es que decir eso es racista o fascista porque de alguna manera, nos lo merecemos (el terrorismo islamista) porque somos malos.

En entrada sobre censura en medios alemanes, vemos la verdadera cara del fascismo. Socialdemócrata y mainstream: “We must, we are told, report in such a way that serves Europe and the common good.”

Su ignorancia respecto a lo que es el fascismo, que para él es todo lo malo, sin matices; conexiones absurdas entre hechos azarosos y desconectados y el tipico hombre de paja. Ese es el resumen de su artículo y el resumen, en general, del pensamiento dominante de los medios y de la corrección política.

Conclusión

Este es el pensamiento dominante. No son luchadores de la libertad jugándose nada, sino apesebrados del sistema repitiendo los mantras de siempre. Usando las técnicas ya probadas del fascismo: uso de la vergüenza para censurar opiniones antes de que comience un debate, insinuando que quién ose plantear el debate es gente de la peor calaña; repetir mentiras mil veces para convertirlas en mentiras; presentarse como alguien valiente por decir unas “verdades” que, en realidad, son mantras del discurso dominante.

Y todos esos artículos y opiniones que dicen que cada vez la gente es más fascista, racista, peor en general, lo único que señalan es la desesperación de esta gente al ver que su influencia es cada vez menor. Las personas de a pie son capaces, cada vez más, de ver como la realidad constantemente contradice las “verdades” que cuenta esta gente. Y al ver esa realidad, empiezan a plantearse los dogmas (del que este artículo es un referente, porque los contienen todos). Eso es el “fascismo” que dicen que vuelve: para ellos fascismo significa que ya no les creemos y se están volviendo irrelevantes. Y como buenos social justice warriors, en lugar de replantearse sus ideas, redoblan esfuerzos para hacernoslas tragar.

Vuelve el fascismo, pero por el lado que no te crees

Nosotros no hacemos propaganda

Se dice que los rusos hacen propaganda (pretenden destruir Occidente con trolls pagados desde el Kremlin, nada menos), los chinos hacen propaganda, los saudíes, naturalmente, hacen propaganda, así como los iraníes y todos… excepto, por supuesto, nosotros.

Casi todas las naciones se dedican a la “propaganda” para defender sus intereses de Estado; nosotros, por lo visto, hacemos “periodismo” y amamos el Bien, la Verdad y la Belleza. Por alguna suerte de sortilegio, y de forma inédita en la historia de la humanidad, nosotros, precisamente nosotros, aquí y ahora, hemos alcanzado la cúspide de la superioridad moral y hemos descubierto la piedra filosofal de las verdades autoevidentes. Somos imparcialmente progresistas y podemos juzgar, desde esta revelación moral, a todos los demás pueblos de la Tierra.

Aunque la realidad canta que hay multitud de pueblos que no comparten (ni compartirán) el credo occidental, que se vende como universal y obvio, seguimos negando que lo “nuestro” sea tan propagandístico como el resto. Somos la anomalía, nos dicen.

Los autoproclamados portavoces de “nuestro bando” son The New York Times, el Washington Post, El País (“periódico global”) y todas esas cajas de resonancia y de fake news que algunos han llamado La Catedral. Lo bueno del caso Trump es que las facciones, que antes eran implícitas y borrosas, han devenido en formales por pura polarización y rabia. El occidental medio consulta a diario su periódico de preferencia, como antaño se iba a misa y se oía el sermón del sacerdote, o bien se informa en la televisión y de ahí saca todos los argumentarios que necesita para las discusiones de andar por casa. La propaganda, de hecho, como ya vio Bernays en 1928 es vital para el buen funcionamiento de cualquier régimen político, especialmente en una democracia liberal. El realista Vilfredo Pareto diría algo semejante: las oligarquías que siempre gobiernan cualquier sistema político (Robert Michels) y los medios de comunicación dan forma a la “voluntad popular”, a la “opinión pública”.

Si el español medio lee las recientes editoriales de El País, verá que los “valores europeos” son totalmente opuestos a los valores que impregnan las medidas políticas llevadas a cabo en países como Polonia o Hungría. Esos “valores europeos”, se entiende, son los valores de la Unión Europea. Si en Europa gobernara el comunismo, se diría que es evidente que el marxismo y el espíritu revolucionario son los “valores europeos” por excelencia y si hubiese ganado el Eje en la Segunda Guerra Mundial, estaríamos convencidos de que los “valores europeos” son el espíritu fáustico ario-germánico o algo similar. Realmente, si resucitara un socialdemócrata europeo de 1950-1970 no reconocería que la inmigración masiva y descontrolada sea un “valor europeo fundamental”.

En definitiva, si rascamos un poco, hay una enorme franja de socialdemocracia viscosa globalista que destaca como “pensamiento estándar”. Es la ideología que produce la Catedral para su propia legitimación, interna y externa y sí, es también propaganda. Todos hacen propaganda, todos defienden sus intereses.  Sin embargo, ¿los intereses de nuestra élite convergen con los nuestros? Cuando nuestros medios dicen “nosotros”, ¿hablan de verdad, de nosotros?

Ahí está el meollo.

Nosotros no hacemos propaganda

Autodefensa

Hablando de adolescentes ciudadanos que dependen del estado. Esta entrada es radical para la mentalidad europea, pero guarda un importante mensaje: el estado no puede mantener la promesa de seguridad.

Al igual que en España, el gobierno francés asumió en su día ante su población una promesa de seguridad que no puede cumplir. Mediante el progresivo endurecimiento de las leyes, el gobierno incluso se ha autotransferido cada vez más competencias, enviando a  la población un mensaje fatal: usted no tiene ya que preocuparse por su propia seguridad, lo hacemos nosotros.

El problema es cuando la población de estos países, donde las armas son ilegales en general, están acostumbrados a niveles bajos de violencia. Las muertes violentas son excepción, descartando los accidentes. Y cuando se enfrentan con poblaciones que no tienen esa concepción y que vienen de países donde la violencia está más asumida en el día a día, son como corderos yendo al matadero. Incapaces siquiera de intentar evitar su destino, apelan a la razón o a la compasión.

Lo que ocurre es que no entienden que los valores morales de “los otros” son muy distintos por las condiciones de origen. Por lo que son percibidos como idiotas, víctimas fáciles que se dejan aplastar sin oposición. Sí, quizá tengamos que hablar de la malísima gestión del tema de los refugiados y de las consecuencias que ha traído la política de puertas abiertas y de “no preguntes, racista” que ha montado Merkel y sus socios. Los medios, como buenos defensores de la religión oficial han intentado tapar hechos delictivos. Los voceros que critican y están pendientes de cualquier infracción cometida por cualquiera de sus rivales políticos, han mostrado su hipocresía al callar ante estos problemas de choque de culturas, mirar hacia otro lado y negar la mayor. Entraría en conflicto con su ideología que, como digo, se ha convertido en su nuevo credo, su forma de ver el mundo y entenderlo.

Y digo credo, porque se trata de eso: un conjunto de axiomas que explicarían los principios por los que se rige el mundo, o mejor aún, una guía para entender y explicar la realidad. Pero como toda creencia dogmática, una religión no puede permitir que sus principios sean modificados (o al menos, no sin mucho esfuerzo sudor y sangre, como demuestra la historia), puesto que se trata de absolutos.

Autodefensa

El éxito de lo incorrecto

Hoy en día, romper con lo políticamente correcto da, inevitablemente visibilidad y fama, reconocimiento. La pregunta es ¿por qué es así? ¿Es que la gente es mala? ¿O ha empeorado con los años? No, el problema es que en los inicios de la corrección política tal como la conocemos, del cambio social que conllevaba, tenia sentido. Se trataba de eliminar ciertas tendencias y pensamientos anticuados. El racismo (ni interiorizado ni micro-racismo, sino puro y duro racismo a la vista de todos), la homofobia, etc. Pero ha llegado un momento en que no se puede criticar. No ya protestar o admitir públicamente estar en contra de algo (matrimonios gays, aborto… hay muchos temas), sino hacer una critica constructiva.

Cuando se llega a ese punto, se está en una dictadura social. No se es libre de opinar y decir algo en público sin sufrir las consecuencias, que consisten en un acoso y derribo por parte de turbas digitales y no digitales que desprestigian tu carrera, te hacen perder el trabajo o incluso tu casa. Solo por expresar una idea u opinión contraria a la Opinión Correcta. Eso es opresión y censura. Y los que oprimen son los mismos que se quejaban hace años de no poder expresarse libremente. Al final, se trata de una carrera a ver quién llora mas para conseguir ser la Víctima Oficial. Una vez conseguido, cualquier crítica es pintada como un abuso. Puesto que al ser supuesta victima, se está indefenso. Salvo que es al contrario.

En estas circunstancias, resulta que alguien decide levantar la voz. No tienen nada que perder o les da igual. Y, sorprendentemente (o no), una cantidad enorme de personas apoyan y aplauden a ese nuevo vocero. (Como por ejemplo, Ojeda). Todos se sorprenden de que diga esas cosas y la gente le aplauda. Les llaman idiotas e incultos, intentan crear una mala percepción de aquellos que siguen a quien ha roto las reglas, para usar la vergüenza social y evitar que gane más influencia. El problema no es ese. El problema es que esas personas llevaban tiempo sintiéndose diferentes. Veían el mundo, veían lo que les rodeaba y veían la historia que les contaban. Y nada encajaba. Pensaban que estaban solos y nadie mas veía lo que ellos veían… hasta que aparece esa nueva Voz. Y se sienten aliviados. Se ha hecho una brecha en la pared y se ve el otro lado. Cada vez más personas se unen a las criticas, a las dudas y a los nuevos planteamientos.

Y no es que compartan todo lo que se dice. Es que comparten la idea de que cualquier concepto o principio social TIENE que ser susceptible a crítica. Y disfrutan del hecho de que alguien haga una critica fuerte y completa a uno de los muchos temas tabú, aunque no estén de acuerdo con ella. Disfrutan la libertad, es lo que les atrae.

Feminismo, inmigración, aborto, economía y política. Esta censura abarca todo y, por tanto, la contrarreacción también abarca todos los ámbitos. Creo que puedo nombrar (y en el blogroll lo tendreis pronto) al menos un blog que critique o ponga en tela de juicio los aspectos mas normalizados de los temas que he escrito.

El éxito de lo incorrecto

Una ventaja de la Sanidad pública que nadie apunta

Una ventaja que nadie parece visualizar para defender el sistema publico de salud, es que minimiza el argumento de que hay una conspiración farmacéutica para enfermar a la población y hacer negocio. Minimiza los movimientos antivacunas cortando uno de sus argumentos más potentes: el beneficio de las farmacéuticas.

Aunque se puede argumentar que aun así, el beneficio lo obtienen a través del sistema de salud en si en lugar de directamente del ciudadano. Con lo cual, el dinero sigue saliendo del bolsillo del contribuyente. Pero en nuestro país, como el dinero del estado aparece de la bondad y del espíritu santo, resulta ser un buen revulsivo para estos movimientos en nuestro país, que tienen mucha menos fuerza que en EEUU.

http://www.zerohedge.com/news/2016-12-21/how-we-become-slaves-system

Minientrada

Zorman y el feminismo histérico

zorman

Los hechos

Conocido por su éxito “Yo soy cani”, el youtuber Zorman se ha caracterizado por hacer parodias de decenas de colectivos. Se ha reído de los frikis, de los hippies, de los raperos, de los reggaetoneros, de la gente de derechas y de la gente de izquierdas, de Hillary Clinton y de Donald Trump… pero con el feminismo hemos topado.

En su sátira del feminismo moderno, Zorman muestra muy bien los estereotipos que caracterizan al sector más ruidoso y con más ambiciones: quieren decidir qué es gracioso o qué no lo es, otorgan y revocan carnets de feminista (Barbijaputa es un ejemplo muy representativo de esto), enfado e histerismo permanentes, etcétera.

Intentando cubrirse las espaldas con cierta ingenuidad, Zorman recalcó que él mismo era feminista y que su objetivo con este trabajo era ridiculizar a un pequeño sector del feminismo que, en cierto modo, no es el representativo. Como ya podemos imaginar, esto no ha servido absolutamente para nada. Le han llovido amenazas de las feministas de “machete al machote” en todas las redes sociales y, algo todavía más relevante, en El País la periodista Elisa Sánchez Fernández se preguntaba si era “lícito reírse con el vídeo antifeminista” de Zorman. Todo el país en vilo ante la sentencia de la señorita Sánchez Fernández… que, efectivamente, resultó que no, que está mal reírnos de esto. De hecho, asocia de forma torticera la crítica al feminismo radical con la crítica al feminismo (en conjunto), con la misoginia (por extensión) y, además, ¡con la violencia doméstica! Quizá le demos mucha importancia a un texto buzzfeediano de la sección “Tentaciones” del diario global, ya que puede que su única función fuera rascar clics con una actitud contrarian, dada la popularidad y el apoyo de la crítica humorística de Zorman.

Lecciones

La ridiculización funciona en todos los ámbitos. En el libro Freakonomics contaban cómo se empleó de manera efectiva la burla y la exposición de todos sus secretos para desarticular al KKK, que empezó a perder toda relevancia. La Ilustración, le pese a quien le pese, debió buena parte de su éxito ideológico al éxito en la caricaturización de sus enemigos, no en la mera refutación del marco del Trono y el Altar. Buena ración de los mitos sobre la “oscuridad” de la Edad Media (desmontados por cualquier historiador medievalista serio) fueron creados aquí y como armas políticas contra el Antiguo Régimen.  Los izquierdistas emplean constantemente etiquetas como “facha”, “rancio”, “oscurantista”, “racista” o, el último, “cuñado”, para ridiculizar posturas de derecha automáticamente, sin entrar en debate, sin preguntarse si es verdad lo que les están contando y les ha funcionado muy bien.

No obstante, cuando se hace humor políticamente incorrecto (reaccionario o de derechas), siempre se acaba pidiendo perdón y los SJW, como no se cansa de señalar el bueno de Vox Day, doblan la apuesta. Ya habría que aprender la lección de en el debate público, el izquierdista jamás aceptará a alguien de derecha real como uno de los suyos o  siquiera digno de tener en cuenta, por muchas claudicaciones ideológicas y morales que lleve a cabo. El caso de los libertarios mainstream es un buen ejemplo. Se dice que el “verdadero libertarismo” no es de derechas (tampoco de izquierdas), sino que está más allá del eje político izquierda-derecha. En la práctica, en lo social y lo moral, el libertarismo mainstream cae en el marxismo cultural más craso, se entrega a la axiomática o al puro economicismo e incluso reniega o pasa de puntillas por temas espinosos como la biología humana. Aunque el libertarismo es básicamente una postura política defendida por hombres blancos occidentales de la anglosfera y parece tener poco crecimiento fuera, en lugar de abrazar posturas más realistas como el paleolibertarismo, propiamente conservador, se cae en un libertarismo que en la práctica es indistinguible de la izquierda bogomila (llegando a defender incluso una política de fronteras abiertas). No es raro que la llamada derecha alternativa se nutra, especialmente, de antiguos libertarios que se pasan al realismo tras tomar la redpill.

hoppean snake memes
Uncucked libertarism – Vía Hoppean Snake Memes

En definitiva, el caso Zorman nos enseña que no hay que pedir perdón por enfrentar la ideología de género o el marxismo cultural. Ninguno. Hay que enfrentarlo de frente, con humor y con hechos.

Zorman y el feminismo histérico