Conocimiento: Los enemigos del comercio y Antonio Escohotado

Esta trilogía esta en mi lista de futuras compras. Un análisis histórico, social, político y económico como no hay otro sobre el origen del comercio, la filosofía y sentido detrás de él y también, de sus enemigos. No he leído aún la obra, que se plantea enorme, pero ya ha generado un interés extremo. Creo que es imprescindible para conocer el mundo y entender mejor los sistemas económicos, ir a las raíces de todos los principios que damos por hechos hoy en día.

Creo que iré poniendo entradas en el blog sobre libros que creo merecen ser leídos sin excusa, y los motivos de ello. Ya recomendamos por aquí alguna vez el libro de Jonah Goldberd Fascism Liberalism, que es un estudio de la historia y origen del fascismo (con sus ramas particulares como el nazismo) y donde se encuentra la semilla de esta ideología. La respuesta, como muchos ya sospechaban, esta en los movimientos colectivistas. Una de las ideas básicas de la izquierda hoy en día. Pero dejando eso de lado, este estudio de Escohotado también trata el comunismo, al ser uno de los mayores enemigos del comercio de los tiempos modernos.

Por ahora, y para ver si os entran tantas ganas de leer la obra como a mi, os dejo la entrevista que le hace Jimenez Losantos (figura también polémica en tierras patrias por su vehemencia anti-izquierdista). Es una entrevista brillante, aunque uno no estuviese de acuerdo sobre las ideas en si. Solo la primera parte, porque aun no han publicado las otras dos que quedan. Una parte por libro.

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Conocimiento: Los enemigos del comercio y Antonio Escohotado

El problema del “periodismo humano”. Contra Jordi Évole

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Cuando escucho el concepto de “periodismo humano”, no dejo de pensar en que el periodismo sobre los humanos más imparcial es el que harían los alienígenas si existieran y dieran un paseo por nuestro planeta. El periodismo humano por naturaleza busca la tragedia, lo lacrimógeno, “concienciar” y hacer que nos sintamos culpables por males reales o imaginarios. Es propagandístico, militante. Para ello, busca lo específico, el testimonio más terrorífico. Se pretende la exageración, como diría Theodor Adorno, porque en ella reside la verdad (moral). El contexto histórico, la historia económica, la imagen global de la cuestión, o un breve resumen sobre la literatura del tema no aparecen. Soy muy liosos, numéricos, fríos y no pueden competir con una muestra de la infinita tristeza humana. Y ya en cuestión de audiencias ni hablemos. Aunque el periodismo humano tiene su interés y su razón de ser, cuando pretende crear opiniones inflexibles y masajear nuestros sesgos más queridos yendo contra la verdad tiene sus riesgos. Si atacas a la verdad acabas haciendo daño a la misma gente a la que pretendes dar visibilidad y ayudar. Y a tu propia causa.

En el último episodio de Salvados sobre la industria textil en Camboya, Fashion victims, hay una buena dosis de todo esto. Un reportaje lleno de anécdotas y casos personales, donde la tesis está clara desde el principio y Évole escarba hasta encontrar detalles que la respalden como sea. Y la trampa es que nos gustan las historias. Somos bichos narrativos y ultrasociales, como demuestra que más del 60% de nuestras conversaciones consistan en hablar sobre lo que hacen los demás y nosotros mismos. En chismorreos y emociones; cuentos. Esto lo saben desde hace tiempo los publicistas y en estos tiempos gente como Jonathan Gottschall y otros lo han puesto de moda. Las narraciones simples, con buenos y malos e interacciones humanas con las que podemos empatizar, dan sentido a nuestro cosmos moral. La idea de que Occidente, la civilización europea y el capitalismo global son el mayor de los males (una idea irónicamente etnocéntrica) es un relato épico que encaja con los memes hegemónicos. No importa lo que digan estudios como éste o éste, o lo que veamos aquíaquí o aquí, por citar unos pocos y variados. Y los dos últimos son obra de autores socialdemócratas, por cierto, no peligrosos neoliberales. Pero el mundo de la estadística es aburrido y contraintuitivo y las entrevistas personales o los relatos bien escritos son atractivos. La batalla está perdida.

Tampoco importa que a Évole, a pesar de todo, le cueste encontrar lo que buscaba. Que vayas a Camboya para buscar munición contra la globalización y el sector textil y que las mismas trabajadoras de allí fastidien tu historia tiene su toque de comedia. Y que no cuentes algunos detalles tampoco ayuda nada.

Que el mundo es imperfecto no lo niega nadie. Que exista sufrimiento o abusos tampoco. Son hechos. Que el mundo esté progresando en algunos ámbitos también es cierto pero no lo decimos tanto. En algunas esferas incluso molesta, sobre todo porque hay un claro responsable de este progreso. Naturalmente, todo progreso tiene sus costes. Pero hay que tener perspectiva. Y el periodismo humano al uso no ayuda en esto. Al contrario, lo confunde todo. Dame un segmento concreto de la población y el equipo audiovisual de La Sexta y te demuestro la tesis contundente que quieras con las preguntas y el montaje adecuados. Que sea verdad o no es otra historia. Pero la audiencia está garantizada. A todo el mundo le gusta La gente de Bart.

El problema del “periodismo humano”. Contra Jordi Évole